Columnistas

Una estrategia antiextremista

El extremismo violento es el desafío más crítico que está amenazando al mundo entero

La Razón (Edición Impresa) / Mohammad Javad Zarif

00:17 / 27 de junio de 2015

El extremismo violento es el desafío más crítico que está amenazando al mundo entero. Su alcance y ambiciones globales no dejan dudas de sus implicaciones para el entorno geopolítico y la seguridad de todo el planeta. Las atrocidades perpetradas por los extremistas violentos en diferentes lugares del mundo, incluyendo Siria e Irak, vienen a subrayar el creciente alcance de la amenaza del extremismo violento. Este fenómeno condujo a la creación de Al-Qaeda y los talibanes, seguido de la invasión estadounidense a Irak, lo que provocó la afiliación de varios militantes a esa organización terrorista, la cual fue creciendo hasta convertirse en el Daesh (que se autodenominó como Estado Islámico).

Los crímenes cometidos por el Daesh dejan al descubierto el alcance de la amenaza que representa. Su reclutamiento en más de 90 países del mundo es una indicación alarmante de muchas disfunciones sociales y estructurales descuidadas. La destrucción sistemática y la profanación de lugares sagrados ilustran los objetivos del extremismo violento para la región. Las atrocidades cometidas contra las minorías así como el uso de los medios sociales para glorificar la masacre de los cadetes iraquíes presagian lo que puede deparar el futuro para los iraquíes si no logran derrotar a los extremistas violentos.

Las tradiciones religiosas y el Islam siempre han abrazado y portado los valores humanos; no obstante, en las últimas centurias, un grupo de demagogos presentó una imagen distorsionada del Islam, tergiversando su mensaje y distorsionando sus enseñanzas religiosas para su interés político. Estos grupos dispusieron rechazar el resto de los textos religiosos y excomulgar a los que consideraba diferentes. Además, afirman haber llegado a la comprensión exacta del Islam y poseer toda la verdad. Esta es la esencia del takfirismo y de sus antepasados, los núcleos del actual extremismo violento.

El problema surgió cuando sus defensores emprendieron su difusión entre la más grande comunidad musulmana y en todo el mundo, forzando y manipulando a diferentes pueblos en función a sus objetivos políticos y estratégicos. Los grupos con predilección por ideologías radicales fueron seducidos por esta interpretación. La mayoría de los creyentes musulmanes siempre ha evitado el uso de la fuerza para poner en práctica los preceptos de su ideología; sin embargo otros no piensan así, y a veces se han opuesto a sus mentores. Y es precisamente en este momento cuando surge el extremismo violento.

Además de destacar las raíces del Daesh y de sus seguidores en el desarrollo histórico de una interpretación retorcida del Islam, se debe tener en cuenta el impacto de la sangrienta historia iraquí en el crecimiento de los extremistas violentos. Las distintas intervenciones en el mundo islámico agravaron la situación, crearon un semillero fértil para extremistas demagogos y establecieron grandes organizaciones extremistas violentas. El Daesh surgió a partir de las inestabilidades creadas por la invasión de Irak. Los extremistas, con la crisis de Siria y el apoyo de algunos círculos y Estados, hallaron un nuevo caldo de cultivo y se han convertido en monstruos que amenazan incluso a sus creadores.

Las intervenciones militares y los intentos de ingeniería social mal ejecutados reflejan la profundidad del engaño inherente a las políticas de Estados Unidos y algunas otras potencias occidentales para la región. La llamada

“Iniciativa del Gran Oriente Medio” promovida por los círculos neoconservadores de Estados Unidos para la ingeniería política y social de las mencionadas sociedades y la exportación de la “democracia” crearon el marco teórico para la intervención militar, lo cual provocó la resistencia regional y una mayor inestabilidad. Esta inestabilidad resultante en un grupo de sociedades de la región empoderó a los extremistas violentos y creó un círculo vicioso en el que la ocupación extranjera y el extremismo se refuerzan entre sí.

El Daesh no es un grupo islámico, su existencia y objetivos no tienen nada que ver con el Islam. Esta organización utiliza al Islam como una herramienta con fines de reclutamiento y recaudación de fondos. Su tratamiento brutal y sus crímenes contra las minorías religiosas en Irak y Siria van en contra de la enseñanza coránica, y la mayoría de los musulmanes ven sus actos como antiislámicos. Musulmanes y adeptos de otras religiones han convivido en la región durante siglos y dan testimonio de una época de coexistencia pacífica de los diferentes pueblos de fe en esta región.

El éxito del Daesh en la dominación en Irak y Siria depende de factores como la debilidad de los gobiernos centrales, el apoyo militar y financiero de los gobiernos regionales y autoridades takfiries, el débil control fronterizo, el acceso a arsenales en Siria e Irak, la experiencia adquirida en la guerra contra Estados Unidos en Irak y el uso de ingresos provenientes del petróleo y el contrabando.

El consenso global sobre derrota del Daesh indica que toda la comunidad internacional tiene un interés en derrotar a este grupo y otros similares, pero esta comunidad sigue sufriendo la ausencia de una estrategia integral, consistente y coherente para enfrentar el extremismo violento. Esta estrategia debe ser seria, global, edificada sobre la base de normas, no discriminatoria; asimismo debe tener plena conformidad con las normas y principios del derecho internacional.

Una estrategia exitosa debería convocar a los líderes religiosos y comunitarios y los medios de comunicación. Los líderes religiosos de todo el mundo deben estar a la vanguardia de los esfuerzos para denunciar los falsos preceptos del extremismo violento, y rechazar el sectarismo y los ataques contra las minorías religiosas y étnicas. La mencionada estrategia debe contener medidas para contrarrestar la islamofobia, como un instrumento en manos del Daesh y otros grupos takfiries similares. Además, se debe prever el incremento del apoyo a los países que participan directamente en la lucha contra los extremistas violentos.

Los iraníes han sido consecuentes en rechazar y luchar contra el extremismo violento de los grupos terroristas en Yemen, Irak y Siria. Irán se enorgullece de jugar un rol determinante en impedir a los extremistas la consolidación de su dominio en Afganistán, y ha mostrado su determinación para ayudar al Gobierno iraquí en la lucha contra el Daesh. Irán propuso un programa mundial para el diálogo entre civilizaciones, adoptado por la Asamblea General de la ONU; y el Presidente iraní introdujo un programa integral para proporcionar una vía para combatir el extremismo violento, que fue adoptado por la Asamblea General.

La República Islámica de Irán está dispuesta a contribuir a nivel bilateral, regional y global para contener y derrotar el flagelo del extremismo violento. La cooperación en todos estos niveles es imprescindible para derrotar a todos los grupos terroristas ya que representan una amenaza global y un peligro para el mundo entero. 

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