Columnistas

Una estrategia de enclave

La ocupación de Irak exacerbó las identidades sectarias en vez de construir identidades nacionales

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

02:08 / 12 de julio de 2014

Podrá Irak mantener su unidad? Vale la pena examinar lo que está sucediendo en aquel país a través de un prisma más amplio. Si usted estimado lector echase una mirada al Oriente Medio de 15 años atrás, podría observar un abanico de sorprendentes regímenes similares, desde Libia y Túnez en el oeste, hasta Siria e Irak en el este. Todos fueron dictaduras, y fueron seculares, en el sentido de que dichos regímenes no estaban legitimados por una identidad religiosa. Históricamente todos estuvieron apoyados por poderes provenientes del exterior. Primero por los británicos y los franceses, luego, por las superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética). Lo que significó que estos gobernantes estaban más preocupados en seguir las instrucciones de dirigentes del exterior que de favorecer los propios intereses nacionales. Y tenían fronteras sólidas.

En la actualidad y a lo largo de la región, que va desde Libia hasta Siria, aquella estructura de autoridad ha colapsado y los pueblos están ahora en busca de sus identidades de origen: sunitas, chiítas, kurdos. Grupos sectáreos, a menudo islamistas por naturaleza, han llenado el vacío de poder, llegando incluso hasta las fronteras y expandiendo la violencia por doquier. Tanto en Irak como en cualquier otra nación, ningún grupo de poder militar de los Estados Unidos puede pegar al Humpty Dumpty nuevamente (recordar famosa canción infantil inglesa sobre el huevo roto denominado Humpty Dumpty).

Existen excepciones. Algeria, por ejemplo, continúa siendo una dictadura secular añeja. Egipto, quizá el país que ha estado funcionando por más tiempo en el mundo, ha reafirmado el viejo orden mediante el uso de la fuerza. Las monarquías del Golfo Pérsico, como Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, han resistido el desorden en parte debido a una mayor legitimidad y principalmente debido a los sistemas masivos de clientelismos. Y, esperemos que Marruecos, Jordania y Túnez hayan hecho suficientes reformas para mantener alejados a los revolucionarios.

Probablemente el antiguo sistema era insostenible. Se basó en máxima represión, lo cual conllevó a la creación de movimientos de oposición extrema y de clientelismo de superpotencias, en suma, un sistema que no podía perdurar en el tiempo. Los países con divisiones sectarias significantes, y aquellos en los que gobernó la minoría, tales como Irak y Siria, fueron los más vulnerables.

Seamos claros. La guerra en Irak fue el disparador crucial, y la ocupación norteamericana exacerbó innecesariamente  a las identidades sectarias en vez de construir identidades nacionales. Pero una vez que colapsó el antiguo sistema, no era de esperarse que los chiítas de Irak, quienes habían sido reprimidos (a veces de manera brutal) por décadas, se alistaran para fácilmente compartir el poder con sus antiguos atormentadores.

Es cierto que durante e inmediatamente después del levantamiento (2007-2008), el primer ministro iraquí, Nouri al-Maliki, se comportó de manera diferente. Pero, si todo esto implicó el peligro de una guerra civil, la presencia de alrededor de 200.000 tropas extranjeras, un general especialmente dotado (David Patraeus) y millones de dólares para forzarlo a ser más agradable durante un corto tiempo, no era de esperarse que fuera un contrato a largo plazo.

Es dudoso que un gobierno chiíta en Bagdad, que utiliza un Ejército que cada vez tiene un mayor número de chiítas para defenderse, alguna vez recupere plenamente la lealtad de los sunitas. Por su parte, los sunitas han realizado suficientes asesinatos para mantener a los chiítas cautelosos por décadas. Washington ha suplicado a Bagdad que sea un gobierno inclusivo. Asimismo ha insinuado que el mejor resultado sería un nuevo gobierno iraquí con una amplia coalición. Esto es verdad, pero también poco probable. Washington necesita un plan b.

Este plan alternativo podría consistir en una estrategia de enclave. Estados Unidos debería reconocer que Irak se está convirtiendo en un país de enclaves,  y debería trabajar para asegurarse que estas regiones se mantengan lo más abiertamente posibles, estables y alejadas del terrorismo. El enclave turco, ahora reforzado por haber conquistado la gran región de Kirkuk, ya es un éxito. La región del sur de los chiítas puede mantenerse estable. Será posible trabajar con países como Arabia Saudita y Jordania para influenciar a los grupos sunitas en el medio del país, eliminar a los terroristas y alentar sunitas moderados. Una estrategia similar en Siria consistiría en permitir que grupos tales como los kurdos y sunitas protejan sus propias tierras, lejos del salvajismo de Bashar al Assad, pero que reconozcan que no serán capaces de derrocar el régimen. Habrá lugares en donde los fundamentalistas del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS) y grupos similares cobren fuerza. En estas áreas, Washington debería utilizar drones, contrainteligencia y ataques de fuerzas especiales, tal como lo hace en lugares de Afganistán, Pakistán, Yemen y Somalia. El mundo de los enclaves ya existe. Washington simplemente debe reconocer que están presentes en algunas zonas de Irak.

El Oriente Medio políglota ha estado en declive por un tiempo. Sin embargo, ahora está al borde del abismo. Los países ricos en minorías como Irak han sido testigos de cómo sus poblaciones cristianas se han dado a la fuga o han resultado masacradas. En lugares en donde permanecen las minorías, las comunidades se segregan. El Gobierno de Estados Unidos no puede detener una tendencia ascendente. Lo que sí puede hacer es tratar de restringir las repercusiones, reforzar a los países y zonas estables, apoyar a aquellos que creen en la reconciliación, protegerse a sí mismos y a sus amigos.

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