Columnistas

El (estrecho) cine boliviano, sin norte

Es el peor momento del cine boliviano... Lo paradójico es que tenemos más salas de cine que nunca

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo Herreras

00:25 / 30 de septiembre de 2015

Es el peor momento del cine boliviano. Algunos, pocos, se autoengañan y celebran cada estreno por muy bodrio que sea. Si es nacional, hay que apoyar: esa vieja frase nos ha hecho mucho daño. La prensa también colabora(mos) con estos papelones. Y así, entre todos, fuimos espantando al público de las pantallas cuando se estrenaba una “peli” boliviana. Lo paradójico es que tenemos más salas de cine que nunca; lo triste es que vemos más filas que nunca para entrar al cuarto oscuro: lamentablemente el cine comercial norteamericano nos gana por goleada. La culpa, por supuesto, es nuestra, no de los gringos. Para rematar, las cinematografías vecinas de nuestra América casi no existen. Resumiendo: nos botaron del cine y nos condenaron al pirata, a nuestras casas, solos y abandonados.

Sin embargo, dentro de todo este triste panorama se siguen estrenando películas nuestras en los cines: Boquerón (tras largos años de producción) pasó sin pena ni gloria y fue vapuleada por la crítica. Y Tonchy Antezana ha amenazado con tirar la toalla. La semana pasada se estrenó Norte Estrecho, del cochabambino Omar Villarroel tras siete años de laburo. Conclusión: somos malos, pero corajudos y tercos. 

Norte Estrecho habla de la inmigración en Estados Unidos. Es una película coral con historias de cortometraje (repetir ad nauseam este recurso después de Amores perros y Relatos Salvajes es un error cansino). El filme del guionista Juan Cristóbal Ríos es “políticamente correcto”; sin duda ganará premios en festivales de quinta categoría auspiciados por ONG y especialmente dedicados a los derechos humanos. Y entonces en los periódicos titularemos: otro premio para el cine boliviano (otro autoengaño).

Norte Estrecho es simplona y abusa de los estereotipos (inmigrante bueno; gringo malo insensible, caca, pis, culo). Cuenta la historia de varios compatriotas que se reúnen alrededor de un local de videollamadas. Y como en los chistes, hay un boliviano, un mexicano, un argentino… Norte Estrecho equivoca el género: es una ficción predecible y aburrida desde el primer  cuarto hora y podría haber funcionado como documental o como telenovela mexicana llorona y lacrimógena. O si me apuras, hubiese sido más chistoso (el humor es el gran ausente a pesar de su pretensiones humorísticas); otra opción era montar un reality show para ver quién dejaba primero la “casa” (es decir, los Estados Unidos y su pesadilla). El guión de Ríos (¿de verdad él hizo el libreto de la maravillosa ¿Quién mató a la llamita blanca?) victimiza y sobrevalora al migrante. ¿Su “mayor hallazgo” es representar la frialdad y la distancia con un beso a la pantalla de la videoconferencia?Norte Estrecho es cursi, fallida, simplona, innecesariamente tremendista, forzada, tediosa y obvia por los cuatro costados. De yapa peca de “didactismo” y abusa en el deletreo de su “mensaje” como el más malo del cine político de la peor calaña. Las heridas de la inmigración no necesitaban esas alforjas.

Dicen que el “tercer espacio” (ese que nace de las charlas a través de la televisión entre los protagonistas de acá y de allá) es una innovación. Dicen también que la película es una crítica “necesaria” al malvado Estados Unidos (ese país del norte donde el abuso y la impunidad policial rima con la pena de muerte). Y añaden sin rubor que el reparto (responsabilidad también del coguionista Ríos, donde tan solo está a la altura el casi infalible Luis Bredow) es uno de los mejores de la historia del cine boliviano.

A mí me da la impresión de que el presente de nuestro cine actual (con salvadísimas excepciones) es una falta de respeto a nuestra historia: a todos los directores que no contaban entonces con tanto facilismo, a los que no se subían “ipso facto” desde la nada al carro de la más alta pretenciosidad vacía. ¿Qué hacemos entonces para volver a tener buenas pelis bolivianas? Formación (incluido el público) y apoyo verdadero (estatal y privado). De las dos andamos cojos. Es el “estrecho” cine boliviano que hace rato perdió el “norte”. Una brújula, por favor.

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