Columnistas

No a la eurocracia

En medio de este panorama desolador era difícil prever un respaldo tan contundente en favor del No

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

03:56 / 11 de julio de 2015

Difícil era suponer un triunfo categórico de más del 60% de los votos a favor del Oxi (No) en Grecia en el contexto de una campaña del terror difundida por los medios de dominación, es decir, de comunicación, europeos y de las autoridades del Eurogrupo, que se lanzaron en campaña directa e intervencionista en favor del Sí a la austeridad de los pobres,  y que también implicaba el Sí al salvataje de las deudas de los bancos.

Una decisión más valiente aún porque fue adoptada en medio del corralito financiero impuesto por el Gobierno heleno para evitar la corrida de los depósitos bancarios, que estableció un límite de retiro hasta un máximo de 60 euros diarios por tarjeta, dando lugar a largas colas en los cajeros electrónicos y bancos cerrados. Los pagos de pensiones quedaron exentos de restricciones. Confieso que estaba pesimista al iniciarse la votación. Para los del Sur la crisis griega nos recuerda la situación de Argentina en diciembre de 2001; y para los europeos, la medida adoptada por Chipre en marzo de 2013.

La medida principal, sin embargo, fue el control de divisas, ya que las transferencias al extranjero fueron  prohibidas. Se creó un comité de aprobación especial de bancos para examinar toda solicitud de transacción con el extranjero y permitir únicamente las que se consideren “necesarias para el interés público”, incluidos el pago de facturas médicas y la compra de medicamentos.

En medio de este panorama desolador era difícil prever un respaldo democrático tan contundente en favor del No, que  sorprendió a la dama alemana de hierro y al presidente del Eurogrupo, quien incluso llegó a decir que van a tratar de interpretar lo que quiso decir el pueblo griego con un No tan claro. Sin embargo, lo que más me dolió y sorprendió, por su virulencia, fue la reacción de los representantes del Gobierno español. Antes y después del referéndum afirmaron que Grecia debería abandonar la eurozona si no desea aceptar las “reglas” y acuerdos alcanzados (paquetes); y agregaron que la economía helena pesa solo un 2% del PIB del área, y si se va, no pasa nada. Se rajaron muchos líderes de  derecha, pero no preocupados por los griegos, sino por la sostenibilidad de su propio Gobierno, dado que puede cundir el pánico con el mal ejemplo.

Lo más noble de esta verdadera tragedia griega fueron las palabras del renunciante ministro de Finanzas heleno, Yanis Varoufakis, publicado por Le Monde diplomatique, edición chilena, al decir que: “El referéndum del 5 de julio quedará para la historia como un momento único cuando una pequeña nación europea se levantó contra la esclavitud de las deudas”. Sabemos que fue parte del sacrificio que hay que honrar  a los “dioses” del Olimpo del euro, para que la victoria se viabilice y se haga real.  Por eso, concluyó Varoufakis en su despedida, “llevaré con orgullo el odio de los acreedores (y) lo que es peor para mí, el odio de dos mujeres (Angela Merkel y Christine Lagarde), con la finalidad de arribar a un acuerdo que implique una reestructuración de la deuda, menos austeridad y una redistribución a favor de las necesidades y reformas reales”.

En el sitio web del FMI, junto al anuncio de que Grecia no le había pagado los $us 1.800 millones que tenía que cancelar el 30 de junio y que ha tomado conocimiento del referéndum en Grecia, anunció un nuevo desembolso a Ucrania  por  $us 1.700 millones, mostrando la diferencia en el tratamiento geopolítico a dos países. La decisión del pueblo griego fue muy valiente y servirá de ejemplo, se acepte o no la nueva propuesta de Tsipras, para que el pueblo español se dé cuenta de que los huevos no solo sirven para hacer la famosa tortilla española.  

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