Columnistas

El evangelio según Francisco

Con la elección de Francisco, me parece que el último humo de la fumarola del Vaticano fue luminoso

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

00:14 / 27 de junio de 2015

Nunca he prestado mucha atención a si la fumarola del Vaticano era negra o blanca a la hora de elegir a un nuevo papa, no obstante ahora me parece que el último humo fue luminoso con la elección de Francisco. Si bien Jorge Bergoglio es jesuita de formación (según decía mi padre, los jesuitas son muy inteligentes), es franciscano de devoción, por su amor a los pobres y su lucha por la inclusión. 

En su primera exhortación, el Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio)  dijo en su crítica a la tiranía del sistema económico una frase radical: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”. Hizo su exhortación apostólica de “no a una economía de exclusión y la inequidad”. Cómo habrán asumido este mensaje las universidades católicas, sean pontificias o no, cuya formación en economía está más centrada en la competitividad que en la primacía del ser humano y la equidad, sin aplicar lo que dijo Francisco textualmente: “Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil”, ante los intereses del mercado divinizado convertidos en regla absoluta.

Ahora, con la carta encíclica Laudato si (Alabado sea, en italiano antiguo), sobre el cuidado de la Casa Común, sigue el ejemplo de Francisco de Asís, quien vivía en armonía con la naturaleza, realzando su cántico: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”. Señala en la Carta Ecologista, bautizada así por los medios, que en San Francisco se advierte cómo son inseparables la preocupación por la naturaleza y la justicia con los pobres. Asimismo cuestiona la relación entre el predominio de la especulación financiera en deterioro del ser humano y el medio ambiente al señalar: “Mientras tanto, los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”.

La Carta Ecologista nos hace recuerdo a la guerra del agua a principios de este siglo en Cochabamba, que marca la respuesta de los indignados contra la empresa trasnacional y la privatización al criticar: “Hay una tendencia a privatizar el agua, aunque el acceso a ella sea un derecho del hombre”, y al resaltar que “algunos sectores económicos ejercen más poder que los mismos Estados”.

Pone énfasis en un problema que a veces no se relieva en el tratamiento de los efectos medioambientales en la migración masiva al decir: “Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna”.

Las reacciones adversas no faltaron, como el de la dinastía Bush en Estados Unidos (Jeb Bush dijo que el Papa no le iba dictar su política, y le recomendó olvidarse de temas políticos y más bien dedicarse a hacer mejores a las personas).

La llegada de Francisco a Bolivia es bueno contextualizarla tanto en la exhortación Evangeli Gaudiamun como en la carta encíclica Laudato si, de manera que sus buenas nuevas se traduzcan en acciones concretas a favor de los pobres y el medio ambiente, y no solo sea motivo de pliegos reivindicativos y peticiones aprovechando la visita papal.

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