Columnistas

Una extendida tradición

El asunto es que la corrupción ya no es novedad, es parte de la tradición, del folklore, del paisaje

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

01:23 / 18 de abril de 2015

Doctorita, mi comisión.  —Claro que sí, ahora mismo le giro un cheque. —¡Usted sabe que solo acepto efectivo! La escena tiene lugar en una empresa que vende medicamentos, entre la encargada de ventas y el responsable de recoger el pedido de un municipio. La escena no es algo extraordinario. Más bien ocurre todos los días, o casi todos los días.

Una de las muchas fuentes de enriquecimiento de funcionarios municipales (no importa el signo político, la ideología o el color de piel) es la compra de medicinas para las postas u hospitales, de cualquier nivel, que han pasado a depender de la administración municipal. Esta práctica está tan desarrollada, tan perfeccionado el negocio, que el funcionario municipal no acepta cheques, solamente dinero en efectivo para que, como dice la canción, “que no queden huellas”. Y no quedan.

Frente al funcionario municipal está alguien que tiene algo para vender, pero no podrá hacerlo si no paga, en efectivo, el 15% de comisión, en tiempos normales. Hay muchos ofertantes y son pocos los que, como los municipios, requieren el producto al por mayor. Digo que 15% en tiempos normales porque se sabe ahora que algunos administradores municipales deben irse, por haber perdido las elecciones, las comisiones por cada pedido se han incrementado hasta el 25%.

El amigo de un alcalde recién reelecto en un municipio de Santa Cruz me comentó que había contribuido a la campaña electoral con más de 100.000 dólares. —¿Y cómo le haces para recuperar ese dinero, si el sueldo mensual no llega a los Bs 14.000 por mes?, le pregunté. —Con las comisiones de los contratos, en uno o dos meses, pero no olvides que tengo cinco años, respondió, orgulloso, y luego abundó en detalles. —No creas que se trata de corrupción, porque yo no le robo un centavo al pueblo ni al Estado. En los contratos, por ejemplo de mejora de calles, o construcción de una avenida, o de lo que sea, le saco a la empresa que se adjudica, jamás al pueblo”.

Sana-sana de consciencia, asunto resuelto, el hombre además se dice honesto, porque le cobra a la empresa que se adjudica el contrato y no desfonda la caja de la Alcaldía.

¿A alguien le sorprenden estas escenas? Creo que a casi nadie. Debe ser muy raro que alguno ignore este pan de cada día, en este caso en la administración de los municipios. El asunto es que ya no es novedad, es parte de la tradición, del folklore, del paisaje. Estamos tan acostumbrados a escuchar o ver actos de corrupción de esta naturaleza, cada día, que ya no sorprenden. Ya forman parte de nuestro “acervo”.

Si usted va y le comenta a un fiscal o a alguna autoridad que tenga velas en este entierro, le pedirán que se constituya en parte civil, que formalice una denuncia, que presente pruebas, que revele nombres (sobre todo de los que pagan la coima) y un largo etcétera de otros leguleyos.

La pregunta lógica es si la sociedad puede defenderse. La respuesta lógica es que el delito se comete de manera in fraganti. Se me ocurre que la punta del ovillo no son las coimas, es el enriquecimiento ilícito. No es fácil, porque por ahí también han tomado sus previsiones, pero es cuestión de escarbar un poquito. Da la impresión de que los fiscales y demás autoridades que tienen velas en este entierro la tienen fácil. 

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