Columnistas

El ‘extractevismo’

Desclasados, los cooperativistas se hicieron ricos al costo de ser más déspotas. Y ahí siguen...

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

00:56 / 24 de agosto de 2016

El problema no es la extracción de la riqueza, sino la forma en que se lo hace. A costa de qué, de quién y para quiénes. El socialismo postula sacar la materia prima para beneficio social, y el capitalismo practica el saqueo para sí mismo.

Los extractivistas neoliberales toman un cerro de plata, por ejemplo, y lo vacían con apuro tecnológico sin que les importe la salud del aire, el agua ni la vida humana. A esa práctica capitalista, en Bolivia se contrapone hoy la extracción con criterio comunista, para ciudadanos y regiones. El gas es un ejemplo. Lo que se gana con la venta del energético se comparte con todos. Ya vendrá el tiempo del litio y ojalá se mantenga ese espíritu de reparto igualitario.

El vicepresidente García Linera ha dicho hace una semana que Bolivia seguirá viviendo de la extracción de recursos por unos 20 años más. Importa precisar quién lo hace: si el Estado o el mercado, si los extranjeros o nosotros.

Al extractivismo, digo, opongamos el extractevismo, la acción y pensamiento de Evo que practicamos hoy con todos, por todos y para todos. Romper la tierra sin corromper lo que hay en ella; y con el permiso de la Pachamama. El extractevismo, pues, con sentido ecologista, consenso de pueblos originarios, con respeto a sus derechos y cumplimiento plural de obligaciones.

Después de la Colonia y la infamia del patronazgo republicano, con la riqueza minera en manos del Estado desde 1952, no cambió el sufrimiento social. Hacia 1975 todo decayó y la Comibol se hizo pedazos manejada por gerentes militares y delincuentes comunes abedregalados. En 1985, el neoliberalismo cerró las minas con candados marca DS 21060, y el proletariado fue puesto en la calle. Entonces se hizo viral la apropiación de parajes y yacimientos por extrabajadores que se guarecieron bajo el paraguas del cooperativismo.

En poquito tiempo, sin embargo, esos cooperativistas se tornaron patrones de 3, 10 o 50 indios de la inmediación territorial de su “propiedad”, a los que explotaban sin salario fijo, estabilidad ni condiciones de trabajo. Yo los vi. En 1979-80 fui jefe de prensa de Fencomin y me enardecía ver a algunos exempleaditos de Colquiri, Siglo XX o Huanuni alzarse el cuello como patrones cooperativistas y tratar a sus peones y “ayucos” igual o peor que el conquistador a los mitayoc. No daban una herramienta, pero exigían al Estado canonjías fiscales y subvenciones.

Desclasados, se hicieron ricos al costo de ser más déspotas. Yo los vi. Y ahí están. Siguen estando. Pero Bolivia tiene una vasta riqueza y habrá que abordarla con el extractevismo justo y necesario. Por eso, decir que el gas es de los cambas o de los chuquis equivale a creer que el litio es únicamente de Uyuni. En esa onda de apallarse la fortuna, los exvecinos de Catavi, Pulacayo, Colquechaca y demás exemporios mineros —que ahora son desoladas laq'ayas— tendríamos que estar maldiciéndonos por no habernos apropiado a la brava de la tanta riqueza que había en nuestros suelos. ¿O qué? 

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