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Mi extranjero favorito

La Razón (Edición Impresa) / La H Parlante - Rafael Archondo

04:06 / 14 de abril de 2014

Es la primera vez que escucho que alguien se siente autorizado a acusar a otro de ser “chileno”. No lo ha dicho un ciudadano huérfano de poder o representación, sino la Ministra de Comunicación, una de las impulsoras, cuando trabajaba para la cooperación alemana, de la Ley contra el Racismo y toda Forma de Discriminación. Y dejen ahora de esconder la mano tras haber lanzado la piedra. El Gobierno es responsable de la instalación, en el centro del debate, del estigma imborrable e involuntario de haber nacido fuera de nuestro territorio. Sí, señores, a esa controversia nos han llevado; les toca pues asumirla hasta sus últimos argumentos.

El que crea que exagero, lo invito a seguir leyendo. Resulta que la única prueba de que Raúl Peñaranda, exdirector de Nueva Economía, La Época y Página Siete, es un “agente prochileno” es un viejo pasaporte suyo de los años 80. Se tomaron el trabajo de ir hasta Santiago para escarbar detrás de un dato, que todos los amigos de Raúl conocíamos de memoria, entre ellos, la propia ministra Amanda Dávila. Malversaron fondos estatales, está demostrado. No hubieran gastado en boletos. Era más fácil llamarlo y preguntarle; o, en caso de que él no quisiera responder a sus llamadas, ir al Segip y leer el renglón de su carnet de identidad en el que se teclea el lugar de nacimiento.

Peñaranda jamás escondió la ubicación de su primera cuna, y de acuerdo al artículo 141 de la Constitución tiene la nacionalidad boliviana solo por el hecho de tener un padre al que, fortuitamente, su madre parió en Bolivia.

Una izquierda gobernante que se reivindica partidaria de la Patria Grande, que ensalza al Che Guevara en todas sus paredes y que abona a la cohesión de excluidos similares contra el imperio del norte, ha hecho gala, en estos días, de su mayor y más alarmante extravío. Ya que viajaron hasta Chile para acopiar documentación, hubieran aprovechado mejor el salto, buscando los pasaportes de los siguientes ciudadanos chilenos, que al igual que Peñaranda, vinieron a Bolivia en busca de una identidad pública y un entorno acogedor: Calixto Pacheco González, José Manuel Arturo Celis González, Segundo Véliz González, Hilario Ampuero Ferrada, Carlos Brain Pizarro, Tirso Montiel Martínez, Julio Olivares Romero, Julio Zambrano Acuña y Raúl Rigoberto Zamora Sazo. Si no se han enterado quiénes son: todos ellos murieron en Teoponte, atraídos por la idea del socialismo continental. Sí, ya sé, Raúl carece de idéntico heroísmo, no se inmolaría por una causa vencida, pero bueno, no estamos hablando ni de ideas ni de audacias, apenas de pasaportes.

En parte gracias a la campaña fascista en su contra, Raúl Peñaranda acaba de presentar, en olor de multitud, su mejor investigación. Para redactar Control Remoto ha seguido una máxima vicepresidencial muy difundida: “averiguar siempre quién pone la platita”. Ello implica conocer quiénes son los propietarios de los medios de comunicación para tratar de explicar sus tendencias ideológicas. No es un medio infalible, pero muestra rendimientos notables. Además de conocer al barón de los medios, se recomienda analizar contenidos, leer mucho y medir centímetros-columna, para extraer porcentajes. Peñaranda también lo ha hecho. Pero además ha optado por saber la cantidad de publicidad estatal recibida. Usando esos tres yacimientos, la cosecha resulta cuantiosa. Habrá que leer nomás el libro del que ahora es mi extranjero favorito. 

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