Columnistas

A la familia

Sin importar la fortaleza o los años que tengamos, hay un hilo que nos ata al entorno del que venimos

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

02:29 / 14 de mayo de 2015

Shantaram es el título del libro autobiográfico de Gregory David Roberts, un australiano que decide vivir en la India de los años 80, y que narra en 1.141 páginas su encuentro con una cultura que constantemente lo somete a cuestionarse dónde comienza el bien y dónde el mal, en medio de los suburbios interminables de Bombay, donde la vida comunitaria fácilmente hace olvidar el sentido de la privacidad. De ser médico en los barrios pobres pasa a ser traficante de divisas, oro y pasaportes. No pretendo contar esta historia, sino retornar a la página de dedicatoria: “A mi madre”. Me conmueve la simpleza de esas tres palabras. En un libro de tantas páginas, donde uno encuentra pensamientos de gran intimidad, esa dedicatoria deja un halo de misterio y de realidad, el autor tiene una madre, tiene una vida cotidiana, tiene una familia.

Sentí esa misma sensación al leer la dedicatoria de Gabriel García Márquez en su libro El amor en los tiempos del cólera: “Para Mercedes, por supuesto”. Es un acercamiento a su mundo, a su historia, a sus misterios. Es una mezcla de emoción, tristeza y desasosiego. Como cuando uno se entera que hombres de 80 o 90 años llaman a sus madres como cuando eran bebés. Es confirmar que, sin importar la fortaleza física o los años que tengamos, hay un hilo que nos ata al entorno del que venimos, al origen de nuestra propia historia, donde no estábamos solos.

Así de conmovedor es ver a las hijas que acompañan a sus padres, los bañan y los cambian, les dan de comer, les secan las lágrimas y los besan en las canas, sabiendo que son los mismos que las alzaban en los hombros sin ningún esfuerzo para que vean a los músicos en los desfiles. Los mismos que les recogían del colegio, les compraban un helado y les llamaban mi princesa.

Hay quienes han tenido un ejército de primos y primas con los que han estrenado gran parte de sus vidas, son quienes han llenado la mesa en los cumpleaños, han roto las piñatas, han sido pajes o damas en los bailes de 15 años, nos han ayudado a vestirnos el día de nuestra boda y han oficiado de padrinos en el bautizo de nuestros hijos. Son la familia. No se puede dejar de lado a los familiares por adopción, esos que llegan y sin que medie apellido o documento legal nos llaman tía, tío, tienen asiento fijo en la mesa, voz y voto en las decisiones familiares.

¡Que no siempre es tan linda la historia familiar! Eso es cierto. ¡Que hay familias y familias! También es verdad. Pero, mientras leían estas palabras ¿no recordaron siquiera a alguien que les hizo sentir bien? ¿Que los acompañó? ¿No desearon hablarle, saber qué será de su vida? ¿Dónde estará? O tan solo extrañarle, porque aunque ya no está presente, permanecerá dentro nuestro por el resto de los días. Juntos hicimos familia.

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