Columnistas

¿A favor de quiénes estamos en Siria?

Las potencias occidentales están en contra de casi todos los grupos que hoy luchan en Siria

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:30 / 10 de octubre de 2015

Vladímir Putin ha sido capaz de actuar enérgicamente en Siria no por ser más audaz o determinante que Barack Obama, sino porque posee una estrategia más clara. Putin posee un aliado: el gobierno de Bashar al-Assad. También posee enemigos: los opositores al régimen sirio. Apoya a su aliado y lucha contra sus enemigos. En comparación, Washington y Occidente están fundamentalmente confundidos.

¿A favor de quién se encuentra Estados Unidos en esta lucha en Siria? Sabemos en contra de quién está: del régimen de Al Assad. También está en contra del Estado Islámico, que paradójicamente es hoy en día el principal enemigo del régimen sirio. También se opone a todos los grupos yihadistas que luchan en Siria, como Jabhat al-Nusra (afiliado de Al Qaeda) y Ahrar al-Sham. ¡Ah! Y también contra las fuerzas de Hezbolá y sus asesores iraníes, quienes han estado apoyando al Gobierno sirio. Es decir que las potencias occidentales están en contra de casi todos los principales grupos que hoy luchan en Siria, lo cual permite una claridad moral, pero una gran incoherencia estratégica.

La movida de Rusia no es tan brillante como se ha dicho. Es un esfuerzo desesperado por reforzar a uno de los únicos aliados extranjeros que le queda al Kremlin, y se arriesga a convertir a Rusia como el “Gran Satanás” a los ojos de los yihadistas en todo el mundo. Sin embargo, al menos Putin posee un plan coherente. Por el contrario, Estados Unidos está aliado estrechamente con el Gobierno iraquí en su lucha contra los militantes sunitas en ese país. Pero se encuentra al mismo tiempo luchando del mismo lado de estos militantes sunitas a través de las fronteras de Siria, mientras luchan contra el régimen de Al Assad.

Washington sí tiene identificados algunos grupos a los que apoya: los kurdos sirios cercanos a Turquía, fuerzas moderadas apoyadas por Jordania cerca de su frontera y un número pequeño de otros sirios moderados. No obstante, si tenemos en consideración los grupos principales que hoy se disputan el control de Damasco, Estados Unidos está en contra de casi todos ellos.

Kenneth Pollack y Barbara Walter describen el enfoque básico de Washington que entiende a todas las fuerzas luchadoras existentes como inadecuadas, de una u otra manera. “Estados Unidos está construyendo un nuevo ejército de oposición siria. Ese ejército está destinado a ser apolítico, no sectario, y altamente integrado”, escriben en Washington Warterly. “Cuando esté listo, este ejército conquistará (liberará) y defenderá el territorio sirio tanto contra el régimen de Al Assad como de los otros grupos yihadistas sunitas (...) El resultado será un gobierno nuevo global con protecciones extensivas para todos los grupos minoritarios”. Sin embargo, a la luz de las experiencias en Afganistán, Irak, Libia y Yemen, se puede afirmar que este presupuesto no constituye una política exterior coherente, sino una fantasía.

David Petraeus propuso recientemente una intervención militar expandida en Siria, con la creación de refugios seguros y una zona de exclusión aérea, que contrarresten las bombas de cañón del régimen de Bashar al-Assad. No obstante, ¿podrá tal plan derrumbar al Estado Islámico? Cuando Petraeus concibió una estrategia en Irak para enfrentar al precursor de este grupo enfatizó que “no puedes eliminar o capturar a una insurgencia de potencia industrial mientras estás de salida”. Su manual de campo de 2006 acerca de la contrainsurgencia afirma que el “éxito final” solo se obtiene de “proteger el pueblo”.

Y ese justamente es el problema. El Ejército estadounidense podría, en mi opinión, derrotar fácilmente al Estado Islámico, que posee una fuerza armada ligera de menos de 30.000 hombres. Sin embargo, después de eliminar a los insurgentes tendría que hacerse cargo de Siria. ¿Y quién desea gobernar ese conflictivo territorio, proteger a la población e invertir grandes recursos para ser visto por los pobladores locales como un poder legítimo? Un oficial turco de cargo elevado me dijo recientemente: “observamos cómo ustedes trataban de gobernar las ciudades iraquíes, y no cometeremos el mismo error que cometió Estados Unidos”.

Si uno mira atrás, analizando todas las intervenciones estadounidenses alrededor del mundo puede encontrar un factor común que salta a la vista. Cuando Washington se alió con una fuerza local que era capaz y considerada legítima tuvo éxito. Pero sin una fuerza local legítima, todo el esfuerzo exterior, ayuda, potencia y entrenamiento no tiene futuro, ya sea en Afganistán, Irak o en Siria.

Si el objetivo de Obama es una democracia pacífica, estable y multisectaria en Siria, entonces requiere de una intervención de igual o mayor escala que la guerra iraquí. De lo contrario, Washington debe aceptar la realidad y tomar decisiones duras; las más importantes son si dejar de oponerse a Al Assad y aceptar o no que el territorio sirio se divida.

Si derrotar al Estado Islámico es una prioridad para EEUU, entonces debe aliarse con cualquier fuerza exterior que sea enemiga del EI. Si el régimen sirio es derrotado y los yihadistas toman Damasco, sería peor que si Bashar al-Assad se quedase. Esto no significa apoyar a Al-Assad, sino permitir que cree un enclave alawita en Siria, parecido al que se está formando. Los kurdos y sirios moderados están creando sus propios espacios seguros también. Incluso si termina la guerra civil y un país llamado Siria permanece, estos grupos no vivirán entremezclados de nuevo. Hasta ahora en Siria Occidente ha combinado la retórica maximalista e inflexible con esfuerzos minimalistas e ineficaces. El gran trecho entre ambos hace que Vladímir Putin parezca inteligente. 

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia