Columnistas

Que no se ferrufinen tus ideas

Voy a defender dos derechos: a la libertad de expresión y a emitir libremente las ideas sin censura

La Razón / Dársena de papel - Óscar Díaz

02:58 / 05 de marzo de 2012

No voy a defender a Ferrufino-Coqueugniot, a quien no conozco salvo por mis lecturas de sus vigorosos textos de ficción y de sus —a mi criterio— menos convincentes columnas de opinión sobre la realidad nacional. En general, voy a defender dos derechos: a la libertad de expresión y a emitir libremente las ideas por cualquier medio de difusión, sin censura previa, garantizados en la Constitución Política del Estado.

Resulta que un periódico paceño tenía a bien publicar colaboraciones del escritor cochabambino, ganador del Premio Nacional de Novela 2011, hasta que, haciendo uso de su derecho a decidir a quién publicar y a quién no, resolvió “separar” (es el término que utiliza) al mencionado literato de su lista de colaboradores.

Para el efecto, en una ‘Nota del Director’ aduce que Ferrufino tenía almacenados en su blog algunos escritos para otros diarios en los que “se realizan afirmaciones peyorativas y peligrosas sobre dos asuntos que son muy sensibles en la vida de los bolivianos, como es el tema étnico y la defensa del uso de la violencia como acción política por encima de la democracia”. Sustenta además su justificación en “valores universales de lo que debe ser el rol de los medios y del periodismo y la defensa del Estado de derecho por encima de tentaciones violentistas”. Y, por último, invita (“abre sus páginas”, dice) a debatir este tema libremente.

Primeras conclusiones: Se abren las puertas al debate de ideas, pero se cierran para Ferrufino. Se puede escuchar la voz de todos, menos la del de las tentaciones violentistas. Y, los escritos fueron publicados en otros medios. En este caso, poco importan el nombre del periódico y el hecho de que Ferrufino sea quien es. La sola sugerencia de que un articulista hubiera rayado en la apología del racismo y osado vindicar el levantamiento contra un Gobierno democrático es, de por sí, grave.

¿Qué pudo escribir Ferrufino para que sus textos sean inaceptables, de ahora en más, por un periódico que se declara independiente y abierto a la libre expresión? Cosas muy serias: “Quitar el poder a Morales no es asunto ya de matiz ideológico-político. Hablamos de supervivencia. Y si no lo hacemos nosotros lo harán de afuera…”, por ejemplo. O: “…aunque a veces, en las noches de insomnio, sin solución concreta, me pongo malévolamente a pensar que quizá un millón de muertos tendría el hálito de una resurrección”.

Ni el periódico ni el escritor, ninguno de los dos —que solían ser excelentes— estuvo fino esta vez. Pero, al menos en esta columna no interesa entrar en el análisis de los textos destemplados de Ferrufino (se puede estar o no de acuerdo con su mirada; yo no lo estoy). Sorprende en cambio que un diario hasta ahora respetuoso de la opinión del otro se haya dado el lujo de vetar a alguien (de censurar y de autocensurarse), adoptando una posición curiosamente similar a la que fijó el Gobierno con su ley antirracismo y que fue muy criticada en su momento por el medio que hoy la acata a rajatabla, pero (¿?) por escritos publicados en páginas ajenas.

En el fondo, se ha vetado a un articulista porque sus pensamientos no coinciden con la línea editorial de un medio; pulcro, ese medio, cuidadoso de que nadie sobrepase los límites del racismo y el golpismo, pero oficiosamente receloso —ahora lo sabemos—; a la manera del autoritarismo, incapaz de rebatir al violentista de turno sin necesidad de cerrarle las puertas y luego tener que abrirlas a los demás, en una actitud de tolerancia que hubiese sido deseable también para Ferrufino.

Con este precedente, queda en entredicho la libertad de expresión. Y una enseñanza: Que no se ferrufinen tus ideas.

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