Columnistas

La fiesta de los pobres

El Mundial que ayer empezó hará que comamos fútbol, vivamos fútbol y cantemos goles

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

03:17 / 13 de junio de 2014

Qué duda cabe que el balompié es la fiesta de los pobres. Es un juego que se puede jugar en los estadios más grandes del mundo y cobrando como Leonel Messi 27 millones de dólares al año, o se lo puede hacer en las calles, en el campo, con dos poleras como arcos, con una pelota de trapo, con la cabeza de la muñeca de la hermana y hasta con una naranja. Es el deporte más practicado en el mundo entero, el que más personas juegan, el que más miran, el que más pasiones despiertan. Quizá porque su práctica no requiere de casi nada.

Sin embargo, a la hora del profesionalismo es un deporte en el que la tajada del león se la lleva un grupo de burócratas, quienes, en más de un caso, nunca jugaron fútbol, pero que tienen gruesas, bien gruesas, las billeteras. Y reparten la platita entre otros dirigentes y dirigentillos que llegan a cobrar hasta 80.000 dólares mensuales. Es el caso del boliviano Carlos Chávez, pero prefiero no hablar de esto porque estoy a pocas horas de ver el comienzo del Mundial y no quiero que la fiesta comience con dolor de estómago.

Brasil 2014 tiene dos caras, la fiesta de balón rodando sobre la hierba y el lado más oscuro: la pobreza de un país al que ni el Carnaval ni la samba dan de comer. Es cierto que los gobiernos de Lula y de Dilma han hecho mucho para sacar a la mayoría de la miseria. Pero todavía falta mucho. Y es ese otro Brasil el que se ha volcado a las calles a gritar, a protestar, a expresar su repudio, porque miles de millones de dólares, según ellos, deberían tener mejor destino que la construcción de estadios.

Puede que los manifestantes olviden su rabia si la selección verde amarela gana el Mundial. Pero ¿y si la diosa fortuna es esquiva y como en el 50 el título se le escapa al país más grande do mundo? Sin duda eso puede incidir, y mucho, en las próximas elecciones. Pero eso es harina de otro costal.

Por lo pronto vamos alistando nuestros asientos, nuestras tevés, nuestras radios. El Mundial hará que comamos fútbol, vivamos fútbol y cantemos goles. Hará que existan las “viudas del fútbol”, aquellas señoras que se verán momentáneamente abandonadas por sus parejas que estarán embobadas frente a 22 jugadores corriendo tras un balón. Pero también ayudará a los reencuentros familiares porque, nada que hacer, ver fútbol, al igual que practicar este deporte, es mejor cuando se lo hace colectivamente.

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