Columnistas

Las formas de la lucha

Algunos de los patriarcas del Gobierno están comportándose como los colonialistas y neocolonialistas

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 19 de abril de 2015

Caminando por los caminos de Abya Yala hacia el norte del continente, en las tierras mexicanas, y visitando a las hermanas de Guerrero (donde se encuentra la población Ayotzinapa), a las hermanas de Oaxaca y a las de Ciudad de México, el corazón se nutre de las energías puestas por muchas hermanas, principalmente indígenas y afrodescendientes, hijas del pueblo trabajador, e hijas de los pueblos originarios, tanto en comunidades rurales como migrantes en las ciudades.

El feminismo comunitario facilita el sentido, no hemos casi necesitado de traducción al mexica, porque, aunque hablando castellano, las hermanas sentían las energías del discurso, más allá de los diccionarios, las traducciones y las interpretaciones. Con el feminismo comunitario las mujeres tenemos una herramienta para entendernos. Es fascinante comprobar lo importante que es el proceso de cambios llevado adelante por nuestras organizaciones sociales, con la simbólica presencia del hermano Evo, para nuestras identidades de originarios de todos estos territorios, del continente.

Antes de esta visita a la Abya Yala del norte me fui de Bolivia con la rabia del voto que le dio El Alto a la derecha, bien jodido para el proceso. No es como señala mi compañero el Porfirio: “Es el voto a la Sole”; y agrega que no me preocupe. ¡Pero cómo no me voy a preocupar!, pues, a través del palo blanco en política (que en este caso es la Sole), el Doria Medina, a quien ya lo habíamos callado, ahora es un bocón que todo el rato está en los medios de comunicación. Bueno, ésa era mi bronca antes de viajar, pero al volver, me encuentro con un ataque muy intenso al hígado al saber que la dirección del Viceministerio de Igualdad de Oportunidades se la dieron a un hombre joven. ¡Qué les pasa a los del Gobierno! ¿En qué aguas se bañan o qué están tomando? No les bastó con retirar a mujeres de los ministerios y llenarlo de hombres, sino que ahora tenemos que aguantar que el único miniespacio, cabeza de sector de las mujeres, hoy sea ocupado por un hombre.

El antropocentrismo, que es una de las formas de pensamiento del patriarcado, cree que los hombres son el centro del mundo, y que además son tan capos que hasta creen saber lo que siente un cuerpo tan diferente como es el de las mujeres. Claro, algunos de los patriarcas del Gobierno están comportándose como los colonialistas y neocolonialistas, blancos intelectuales, jóvenes y viejos del norte ilustrado que hoy plantean los estudios decoloniales para darnos cátedra de cómo los indios debemos liberarnos.

Ya hemos empezado a tocar los tambores, por si acaso. Todavía tenemos la leve esperanza de que el gobierno del hermano Evo nos esté preparando la sorpresa de un Ministerio de las Mujeres o un Ministerio de Despatriarcalización manejado por mujeres, con un presupuesto que nos permita emprender las tareas revolucionarias del proceso de cambios. ¡Si no, tocaremos con más fuerza los tambores de batalla! 

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