Columnistas

Una fotografía de la oposición

El campo de la oposición boliviana es complejo, fragmentado y disperso

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Mayorga

09:30 / 16 de abril de 2017

El campo de la oposición boliviana es complejo, fragmentado y disperso. Los resultados de las elecciones subnacionales de 2015 tuvieron ese efecto político, puesto que las fuerzas opositoras lograron más votos que el oficialismo, pero ninguna sigla concentró un porcentaje relevante. No es la primera vez. En 2005, el Movimiento Al Socialismo (MAS) apenas llegó a un tercio de la votación. En 2009 tuvo su mejor desempeño, con la mitad de los votos en su haber; y en 2015 descendió al 42%, adicionalmente, perdió en casi todas las ciudades, incluidas las que antaño eran sus bastiones. No obstante, los opositores vencedores no tenían elementos en común, excepto su disputa contra el MAS. Los gobernadores electos en Tarija, La Paz y Santa Cruz confirman ese aserto. Y esa característica se acrecienta si se observa la lista de alcaldes de siete capitales de departamento y El Alto, y de la mayoría de las ciudades intermedias donde perdió el MAS.

La coyuntura del referendo de febrero de 2016, lejos de mitigar esta tendencia a la dispersión en el campo opositor, provocó una mayor complejidad. Las campañas por el “No” mostraron su convergencia en torno a un interés común, pero sacaron a relucir otra novedad: el surgimiento de fuerzas de oposición extraparlamentaria o sin presencia en el ámbito legislativo. Me refiero, en el primer caso, a los autodenominados “colectivos o movimientos ciudadanos” y su impronta anti-partidista, y en el segundo caso, a Soberanía y Libertad (Sol.bo), cuyas figuras (alcalde y gobernador de La Paz) desplegaron, además, estrategias particulares. Fueron actores decisivos en la campaña contra la modificación del artículo 168 de la CPE, diferenciándose notablemente de la oposición parlamentaria: PDC, UN y Demócratas.

Era evidente que estos actores empezarían a jugar sus cartas en el proceso político con miras a los comicios de 2019, y empezaron a hacer tal cosa, con mayor razón después de que el MAS optó por insistir en la habilitación de Evo Morales para las próximas elecciones. Por eso, la media docena de personajes políticos que suscribieron una “Declaración conjunta en defensa de la democracia y la justicia” expresan la dispersión y fragmentación del campo opositor aunque realicen una acción “conjunta”. La inclusión de ese vocablo denota la necesidad de expresar convergencia o “unidad en la diversidad” opositora; empero, fue resignificado por el Gobernador cruceño (12 años en ese cargo), quien señaló que no existen afanes electorales.

Mi insistencia en destacar los rasgos volátiles y centrífugos del campo opositor no se sustentan, solamente, en la diversificación de actores después del 21F; también supone la ausencia de polarización política, factor capaz de incentivar afanes frentistas. La fotografía que inundó medios de comunicación y redes sociales reafirma esa percepción: un expresidente (Mesa) y un exvicepresidente (Cárdenas), que podrían ser emparentados a los “movimientos ciudadanos”; y el alcalde de un partido sin representación parlamentaria (Revilla) se sitúan en la franja de nuevas fuerzas opositoras. Exactamente, la mitad son (hoy) ajenos a los partidos que tienen representación parlamentaria; a los cuales pertenecen los otros tres: Doria Medina y Costas fueron aliados en las elecciones de 2014 conformando un frente electoral; y Quiroga fue candidato presidencial del PDC, que ya no lo reconoce como jefe. Una mitad se sitúa a la izquierda del MAS y la otra, en su lado derecho. En política, como siempre, lo que está en disputa es el centro; no obstante, para eso se necesitaba que el número sea impar. Uno más o uno menos.

Es sociólogo. Blog: pioresnada.wordpress. com; Twitter: ferXmayorga

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