Columnistas

Los fracasos del éxito

Uno sabe que está en serios problemas cuando el éxito crea más dificultades que el fracaso

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria / La Paz

23:09 / 20 de mayo de 2016

Irak está colapsando como país. Los bombardeos que ocurrieron la semana pasada en Bagdad causando más de 90 muertos solamente fueron un recordatorio más de que el lugar sigue siendo profundamente inestable y violento. Se debe aprender una lección de esto, pero varias personas de influencia en Washington se resisten a hacerlo.

Como Irak ha tenido una espiral descendente, los diseñadores de políticas han ofrecido consejos rápidamente. Eternos halcones como el senador John McCain han argumentado que si la administración Obama simplemente mandase más tropas a la región, la zona sería más estable. Otros dicen que necesitamos más diplomáticos y asesores políticos que puedan reforzar los esfuerzos militares. Y otros más dicen que deberíamos concentrarnos en los dirigentes iraquíes y lograr que sean más inclusivos.

Tal vez sea bueno tomar distancia de Irak y observar a otro país con el cual Estados Unidos se ha involucrado. La potencia del norte ha estado comprometida con Afganistán desde el punto de vista militar, político y económico por 15 años. Tuvo muchos “levantamientos” de tropas. Según algunos cálculos, EEUU ha invertido más de un billón de dólares en la guerra y todavía paga una gran parte del presupuesto de defensa de Afganistán. Este último posee un gobierno elegido de unidad nacional.

Sin embargo, en octubre, las Naciones Unidas concluyeron que la insurrección se había extendido a más lugares en el país, cosa que no había ocurrido en ningún otro momento desde 2001. Una nota de Danielle Moylan en The New York Times señala que actualmente los talibanes controlan y combaten por todos los distritos menos tres de la provincia de Helmand. Y agrega que se estima que 36.000 oficiales, casi un cuarto del total, abandonaron las filas el año pasado. Y el anterior mes, los talibanes se infiltraron en Kabul mismo, y atacaron un edificio dirigido por la Dirección Nacional de Seguridad, que es responsable de la mayoría de la seguridad en la capital, informó Dexter Filkins también en el New York Times.

Algunos sostienen que 15 años no es suficiente. Señalan a Corea del Sur y Alemania, y dicen que Estados Unidos debería simplemente permanecer eternamente. No me opongo a una presencia a más largo plazo de Estados Unidos en Afganistán, especialmente dado que el Gobierno elegido por el país parece quererlo. Pero la analogía está en un lugar equivocado. En Alemania y Corea del Sur, fuerzas estadounidenses continuaron para impedir una amenaza exterior. No estaban comprometidas en una batalla interminable dentro del país para ayudar a que el Estado consiguiera el control sobre su propia gente. La analogía más apropiada es Vietnam.

Se ha hecho mucho recientemente en cuanto a un par de entrevistas sobre la política exterior estadounidense, una con el presidente Obama y otra con uno de sus ayudantes más cercanos, Ben Rhodes. Ambas autoridades han sido descritas como arrogantes, interesadas y con un desprecio desbordante hacia el establecimiento de política exterior. Ciertamente, como la mayoría de las administraciones lo haría, Obama y Rhodes buscaron presentar sus acciones por medio de una visión positiva. En este sentido, Obama se felicita a sí mismo por haber dado un paso atrás respecto a la intervención militar en Siria. Pero no ha logrado superar el hecho de que su retórica descuidada en este asunto (sobre el destino de Bashar Al Assad y el establecimiento de líneas rojas) empujó a Washington hacia el límite en primer lugar.

No obstante, en cuanto al asunto más importante, Obama está en lo cierto y sus críticos se equivocan. La lección principal para la política exterior estadounidense en los últimos 15 años es que es mucho más fácil derrotar a un oponente militar en Oriente Medio que establecer un orden político en las zonas afectadas por la intervención militar.

El mantra perdura en Washington de que Obama ha “sobreaprendido” las lecciones de Irak. Pero las enseñanzas no solamente provienen de Irak. En Irak, Afganistán y Libia llevó semanas derrotar a los regímenes que estaban en el poder. Pero años después, a pesar de las diferencias, todos estos países permanecen en caos. ¿Podría alguien de verdad argumentar que unas pocas tropas más o una estrategia un poco diferente podrían haber creado estabilidad y paz en aquellos países?

La política exterior de la administración Obama es intentar luchar contra el Estado Islámico y a la vez evitar cualquier cosa que lo induzca  a ocupar y controlar tierras en la región en conflicto. Me preocupa que Estados Unidos esté girando hacia una visión más participativa, lo cual dejaría a Washington con la responsabilidad. Empero, comprendo el equilibrio que la administración intenta encontrar.

En Siria, el dilema real de Washington es qué sucedería si los esfuerzos internacionales funcionan y el Estado Islámico es derrotado. Esto daría lugar a un colapso de autoridad en franjas grandes de Irak y Siria que se encuentran rebosantes de sunitas radicalizados que se rehúsan a aceptar la autoridad de Bagdad o Damasco. Habiendo liderado la lucha, Washington estaría forzado a ejercer control del territorio, establecer cárceles para alojar a miles de combatientes del Estado Islámico y proveer seguridad y asistencia económica para la población, mientras lucha contra la previsible insurgencia sunita que se levantaría en esos territorios. Uno sabe que está en problemas cuando el éxito crea más dificultades que el fracaso.

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