Columnistas

De frente y de costado

La Razón / Máscaras y espejos - Fernando Mayorga

00:00 / 15 de septiembre de 2013

Hace un par de semanas publiqué —en El Desacuerdo— unas notas sobre la oposición y se referían sobre Unidad Nacional (UN), el Movimiento Sin Miedo (MSM) y el Movimiento Demócrata Social (MDS); a sus recursos de poder y la posición que ocupan en el espacio de discursividad política; a sus ventajas y limitaciones para disputar el voto indeciso en las ciudades. El hecho novedoso era, por entonces, la forja de “Demócratas” (MDS) como un intento de recomposición de la élite política cruceña y la articulación de una coalición interregional bajo formato de partido nacional. “E pur si muove”, dice la mentada frase. Y en política eso es moneda común, más aún si estamos en otra fase de recomposición del sistema de partidos.

Precisamente estos días ocurrieron algunos hechos en el campo de la oposición que pueden ser considerados positivos para el proceso político que empieza a reordenarse con miras a las elecciones de 2014 y 2015. Esta vez, las novedades se refieren a MSM y UN. En el primer caso por sus elecciones internas. En el segundo, por la conformación del Frente Amplio. Estas organizaciones políticas avanzan en la superación de barreras de índole territorial y/o discursivo.

El partido de Juan del Granado avanza en su consolidación institucional, mediante un proceso de democratización interna. En junio realizaron elecciones en cinco departamentos, y estos días continúan en El Alto y otros distritos. Con dirigentes posesionados en los departamentos del eje central, más Tarija y Oruro, el MSM impulsa su crecimiento por penetración territorial (del centro a la periferia, diría un politólogo) para superar las barreras “geográficas” de su votación, que en 2010 se concentró en La Paz y Oruro. Es preciso tener en cuenta que en esas elecciones departamentales y municipales, el MSM fue la segunda fuerza más votada y esa cosecha está rindiendo sus frutos. La fortaleza organizativa del MSM se expande mediante un mecanismo de competencia electoral que, aparte de apuntalar la democracia interna, alimenta la formación de cuadros políticos y la renovación de liderazgos.

El partido de Samuel Doria Medina forma parte del flamante Frente Amplio. Este frente es una novedad como coalición y se postula como “una institución para la democracia”. Es un caso de organización política que se forja por difusión territorial, es decir mediante la congregación de diversas fuerzas locales; empero, también puede concebirse como una modalidad de crecimiento de UN por penetración territorial porque, a diferencia de otros miembros del Frente Amplio, es un partido con presencia en la escena política desde hace años. En este caso, el Frente Amplio también puede ser considerado como otra vía para la conformación del “frente único de oposición” propugnado por Doria Medina.

Con todo, UN se beneficia con el Frente Amplio porque se refuerza su posición centrista y la presencia de algunas figuras públicas (Loyola Guzmán, vgr.) le otorga un cariz progresista de izquierda. Es un intento para superar su aislamiento geográfico electoral. También es una apuesta para ampliar su perfil identitario y programático, articulando elementos discursivos que le permitan disputar el centro hegemónico ocupado, hoy, por el Movimiento Al Socialismo (MAS). Para lograr ese objetivo no resulta útil el discurso del Frente Amplio que enfatiza en la lucha contra un “régimen autocrático” y propugna la democratización de la sociedad y la reforma del Estado como “asignaturas pendientes”. No obstante las piedras recién empiezan a rodar y, por lo pronto, lo que acontece en la oposición es buena noticia para la democracia.

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