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El fútbol y su nacimiento ilustrado

Si los ferrocarriles eran considerados íconos de la modernidad, el fútbol cumplía una función análoga

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

02:57 / 30 de diciembre de 2015

Al despuntar el siglo XX, el arribo del fútbol a territorio boliviano en los vagones de los ferrocarriles traídos desde Inglaterra (cuna del balompié mundial) coincidió con el auge de aquellas ideas liberales que se expandían a doquier, fenómeno caracterizado sobre todo por la circulación (o exacerbación) de aquellos patrones discursivos/ideológicos en torno a la civitis y la barbarie.

Si los ferrocarriles eran asumidos como íconos de la modernidad, el fútbol, casi como efecto colateral, cumplía una función simbólica análoga. Esta (hipo)tesis fue sostenida en un trabajo académico elaborado por los estudiantes de Sociología Redner Céspedes y Luis Phillips.

Los sectores plebeyos del país poco a poco se fueron apropiando de las corridas de toros, festejo que venía de la tradición ibérica. A tal punto que estas corridas eran consideradas ya una fiesta chola a principios del siglo XX en Cochabamba. No obstante, la práctica (o el espectáculo) futbolera(o) sustituyó a la corrida de toros, arraigada en los sectores populares y considerada por la élite valluna como una “costumbre bárbara”, pues no cuajaba con las ideas de urbanidad que acompañaban a su discurso modernizador, y por lo tanto observaban desdeñosamente a estas fiestas taurinas. El fútbol formó parte de la “Fiesta del Progreso”.

Posiblemente emulando el axioma griego “mente sana en cuerpo sano”, fue que esta práctica futbolera se convirtió en un mecanismo disciplinador orientado a los sectores obreros: símbolo del trabajo en oposición al “desempleado ocioso” que se refugiaba en aquellas chicherías asentadas en la periferia de la ciudad, expulsado por las élites cochabambinas de fines del siglo XIX en nombre de las “buenas costumbres y la higiene”.

En este contexto, Wilson García Mérida da cuenta de que el fútbol, al igual que en Liverpool, era un “juego de la naciente clase obrera. Los primeros ‘matchs’ se celebran nada menos que en la Plaza de Toros de San Sebastián, en el popular barrio de la Pampa Carreras”. Asimismo, las primeras denominaciones de los equipos de fútbol en Bolivia y, particularmente, en Cochabamba, tenían nombres ingleses. Al respecto, el historiador Gustavo Rodríguez describe: “en 1906 juega, por ejemplo, el team de Cochabamba primero con la Unión de los XII y luego con el Tunari. Las inglesas y modernizantes voces de goal keepers, backs, centre, refere alternan, por tanto, con los plebeyos bufidos de los toros y los gritos de los asustados concurrentes al huir en el tropel”. Y así de a poco “este reino de la lealtad humana ejercitada en el aire libre”, como diría el pensador italiano Antonio Gramsci, ingresó en el corazón de los cochabambinos, tanto de auroristas como —y sobre todo— de wilstermannistas.

Quién se iba a imaginar que, a la larga, este deporte de nacimiento ilustrado despertaría grandes pasiones, que muchas veces derivan en actos de barbarie o violencia irracional, particularmente protagonizados por las barras bravas. Extremo que sirvió, según Eduardo Galeano, para que algunos intelectuales conservadores, entre ellos Jorge Luis Borges, asumieran un desprecio público sobre el fútbol, considerándolo casi como una suerte de “opio del pueblo”, porque despierta dizque las pasiones irracionales. Aunque parecería ser una inocentada, y a pesar de ese “lado oscuro” del fútbol que contrasta irónicamente a su génesis “ilustrado”, este deporte, por lo menos para el caso cochabambino, tuvo un sentido modernizador y, en consecuencia, disciplinador del cuerpo de los obreros de inicios del siglo XX. 

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