Columnistas

El futuro del libro

Desde su nacimiento, con la creación de la  imprenta en 1450, el libro impreso estuvo amenazado

La Razón / Homero Carvalho Oliva

00:00 / 29 de abril de 2012

Mucho antes de que la Historia y las historias de los pueblos pasaran a la escritura, ya sea desde piedras, tablillas de cera, pergaminos y, por fin, al papel como lo conocemos hoy, los seres humanos las contaban de generación en generación. Así se transmitieron los mitos y las leyendas que sobreviven hasta ahora, y así se cantaban gestas como las de la Ilíada y la Odisea.

Se cuenta que en la imperial Roma de los césares había un comerciante tan rico como ignorante, de nombre Itelio, que gustaba de agasajar frecuentemente a la nobleza romana, pero como no tenía qué conversar con ellos se le ocurrió la idea de una biblioteca viva. Ordenó que 200 de sus esclavos más instruidos se aprendieran un libro cada uno y cuando se hablaba sobre un determinado tema, Itelio hacía llamar al esclavo que había leído el libro respectivo, y éste recitaba un pasaje apropiado al tema de la conversación. Pero un buen día, que hablaban animadamente sobre la Guerra de Troya, el hombre libro no pudo estar presente porque sufría de horribles dolores de estómago y el mercader tuvo que pasar, literalmente, un papelón.

Sobre el tema de la biblioteca viva también nos habla Ray Bradbury, en su célebre novela Fahrenheit 451, llamada así porque esa es la temperatura en la que arde el papel, en la que una sociedad acosada por bomberos, que en vez de apagar incendios queman libros porque el gobierno considera que son portadores de todos los males de la humanidad, recurre al mismo método de elegir a personas que se aprenden de memoria los grandes libros para salvarlos de la hoguera.

Desde su nacimiento como tal, es decir como libro impreso, en 1450, en la imprenta inventada por Johannes Gutenberg, siempre estuvo amenazado, primero por la censura, luego por la aparición de la radio, del cine y de la televisión y, ahora, desde la propagación de la internet han sido muchas las voces que se han alzado presagiando la desaparición definitiva del libro en formato papel, reemplazado por el libro electrónico. Ese es el tema central de la Feria del Libro de Buenos Aires que se desarrolla en estos días en la capital argentina bajo el lema “Un futuro con libros”.

Y si bien es cierto que los e-books ganan terreno cada día que pasa porque constituyen verdaderas librerías de bolsillo, al punto de amenazar con dejar a las bibliotecas convertidas en museos, también es cierto que en esta década se producen muchos más libros de papel que antes, incluidos los piratas, por supuesto. Yo creo que mientras haya lectores, el libro impreso no va a desaparecer, porque ya es un objeto de culto y lo sagrado siempre encuentra la forma de sobrevivir. El libro impreso establece una comunión entre el lector y autor, al tenerlo en sus manos el lector está poseyendo algo del alma del escritor. Ambos formatos, el de la tinta sobre el papel y de la tinta electrónica, van a convivir por muchos años. Lo terrible sería que, como afirma Hugo Correa Luna en un artículo sobre este tema, a alguien autoritario se le ocurriera averiguar a qué temperatura arden los e-books.    

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