Columnistas

Un MAS que gana, pero pierde

En lo que sí perdió el MAS fue en su capacidad de generar cuadros políticos. Ahí sí que hace aguas

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

00:00 / 07 de abril de 2015

Debo empezar diciendo que, para un análisis posterior a los comicios del 29 de marzo, no es serio hacer una comparación de los resultados de las elecciones generales de octubre de 2014 con las subnacionales recientes, como quieren hacernos creer algunos analistas que pululan como mercaderes en los medios de información. En las elecciones generales se mide la adhesión electoral de los líderes nacionales; y en las subnacionales, la de los líderes locales, en ámbitos totalmente específicos.

Y los resultados lo demuestran. En octubre, el Movimiento Al Socialismo (MAS) sepultó sin derecho a pésame ni epitafio al Movimiento Sin Miedo (MSM) en La Paz; sin embargo, no ocurrió lo mismo hace un poco más de una semana, cuando los resabios del partido de Juan del Granado convertidos en Soberanía y Libertad (Sol.bo) hicieron casi lo propio con el MAS, al ser elegido alcalde Luis Revilla, otrora el segundo hombre de los “sin miedo”.

Cierto, si vemos los resultados electorales en gobernaciones y municipios emblemáticos, el MAS ha perdido terreno, no hegemonía. En La Paz no logró el poder local y perdió el dominio político departamental. En Cochabamba mantuvo la Gobernación, pero perdió la Alcaldía de la capital; y en Santa Cruz no logró conquistar ni la Alcaldía ni la Gobernación, a pesar de haber sido la primera fuerza en los comicios generales.

No obstante, esos datos se vuelven relativos al ver la expansión del MAS en el Beni, donde ganó históricamente las elecciones subnacionales. Dirán que lo hizo ante la ausencia de la alianza Unidad Demócrata (UD). Al final lo hizo con el “dolor” fresco de sus detractores que no lograron capitalizar la inhabilitación de Ernesto Suárez, el patrón político regional que desde hace varios años hace todo lo posible para evitar la penetración política del partido gubernamental.

Hacía muy bien Carlos Böhrt al comentar hace poco que iba a ser posible evaluar la performance del MAS comparando su desempeño en 2010 y en 2015. Así fue. Con los datos conocidos, el MAS sumó ocho alcaldías a su haber con relación a las que consiguió en 2010: subió de 220 a 228, contando los 339 municipios del país. En términos generales, ¿ganó o perdió el MAS? Pues, ganó, a la luz de los resultados. Y no por poco. Se engañan quienes dicen lo contrario, especialmente los dirigentes de oposición; se quitan margen de diagnóstico que establezca su real capacidad de reacción para futuras contiendas electorales.

En lo que sí perdió el MAS fue en su capacidad de generar cuadros políticos. Queda pendiente de análisis el hasta qué punto aportaron los nombres de Guillermo Mendoza y Felipa Huanca en La Paz, cuando pudo haberle ido mejor con otros candidatos. Y lo de Édgar Patana fue una absurda ratificación y una misericordiosa cesión a favor de Unidad Nacional (UN), que intenta capitalizarla (nunca mal dicho) Samuel Doria Medina.

Es la peor de las debilidades, sin abstraernos de la lengua de Morales y la mano en la lata de algunos correligionarios suyos, del MAS: no se preocupa en generar cuadros a menos de los cortos cinco años que le restan antes de la inminente sustitución electoral de su líder en 2019. Ahí sí que el MAS hace aguas. Como verán, es un MAS que gana, pero pierde. 

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