Columnistas

Casi ganamos

Somos creativos y geniales, pero no tenemos la misma dosis de paciencia y perseverancia.

La Razón / Ricardo Paz Ballivián

02:15 / 16 de julio de 2012

Los bolivianos nunca perdemos, más bien siempre casi ganamos. En el fútbol, en la política, en el amor y en la vida. Nunca tenemos responsabilidad sobre el casi, siempre son los demás los culpables... el Director Técnico, el rival, la pareja o el otro. Los hijos culpamos a los padres de nuestros defectos, las nueras a las suegras de sus desgracias, y la mayoría de nosotros a la mala suerte por los inconvenientes que padecemos a diario.

Somos tenaces y sacrificados, pero nos cuesta concluir exitosamente lo proyectado. Nos gusta la fanfarria de la inauguración, de la piedra fundamental, de la promesa, pero nos aburrimos o nos cansamos pronto y solemos dejar las cosas a medias. Al entusiasmo que nos seduce el proyectar o iniciar una actividad, nos sucede el desánimo y nos desinteresamos antes de culminar la faena. Somos creativos y geniales, pero no tenemos la misma dosis de paciencia y perseverancia.

Por alguna extraña razón no podemos ganar, completa, clara, terminantemente. Es como si nos sintiéramos sin derecho a la victoria, como si cargáramos una culpa insondable que nos impide el disfrute del triunfo. Y lo peor de todo es que nos negamos a analizar las causas que nos tienen en dicha situación, nos negamos a asumir nuestra responsabilidad. Más bien preferimos el fácil expediente del deslinde.

Me sumergí en estas cavilaciones luego de la renuncia de Gustavo Quinteros a la dirección técnica de la selección nacional de fútbol (es interesante que todavía no se llame selección plurinacional). Después de escuchar los análisis, opiniones y comentarios de los entendidos y también de los hinchas y parroquianos, la explicación general de nuestros fracasos futbolísticos era —¡que no!— el Director Técnico, “ese ciudadano argentino que vino de las pampas con el premeditado y criminal propósito de perjudicarnos a como dé lugar”, como dijo un despistado oyente en una radioemisora paceña.

Las voces de justificación decían: “¿Acaso desde el inicio de las eliminatorias no consignó sólo a sus amigotes?” “¿No es verdad que metió a Martins en lugar de Álex Da Rosa cuando debía poner un volante de contención?” “¿No dudó de manera increíble para cambiar al portero Arias y entregó de esa manera unas ventajas increíbles al inicio de la eliminatoria?”. “Ante el desánimo generalizado que sobrevino a la derrota frente a Chile como locales ¿acaso el DT hizo algo?”

Pero esas son justificaciones que nacen sólo de las vísceras y no de la razón. Sería mejor decir simplemente que perdemos porque nuestro juego es como somos en la vida: entusiastas, metedores, pero que fallamos en la hora de la definición. En fin, tal vez así podríamos corregir nuestros errores y estar mejor preparados para el próximo encuentro.

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