Columnistas

El ‘gesto’

Es como un bufón travieso del que todos se ríen, aunque su gesto sea humillante, brutal.

La Razón / Verónica Córdova

01:30 / 01 de abril de 2012

Hay gestos y “gestos”. Esta semana vimos el gesto de un alcalde; un gesto grotesco, prepotente, machista, soez, cobarde. El gesto de quien está acostumbrado a decir y hacer todo tipo de desmanes, y ser disculpado con la sonrisa paternalista de quienes creen que “así es él”, y por tanto todo debe perdonársele. “Es que está loco”, dicen. “Es parte de su encanto”. “Así fue siempre, y a pesar de ello (o tal vez debido a ello) votamos por él”. Es como un bufón travieso del que todos se ríen, aunque su gesto sea ofensivo, brutal, humillante.

Lo que preocupa es que el “gesto” del alcalde —y las miradas burlonas de hombres y mujeres que fueron testigos impávidos, a centímetros de distancia, siendo por eso tan culpables como la autoridad— nos dicen mucho de una sociedad que, a fuerza de hacer de los cuerpos de las mujeres fetiches, las ha convertido en blanco fácil de “gestos” de este calibre.

Mi solidaridad con la víctima del gesto, pues no falta quien la acusa de permisividad por no haber reaccionado en el instante. ¿Reaccionar, cómo? ¿Poniendo en evidencia pública y televisada su  humillación y vergüenza? ¿Cuántas mujeres no hemos pasado por una situación parecida? En la calle, mientras caminábamos distraídas; en una discoteca o en un concierto; en medio de la multitud apretada; en el micro; en la fila para tomar un transporte. ¿Cuántas hemos reaccionado con el sopapo que algunos reclaman ahora de la víctima del alcalde? Quizás algunas. Pero la mayoría se calla y disimula, porque el “gesto” es humillante, y lo último que una quiere es publicitar el momento y generar más miradas, que multiplican la humillación por el número de ojos que observan.

Por eso el “gesto” del alcalde es aún más patético y cobarde, porque de forma cínica y calculada se realizó en público, frente a las cámaras de televisión y, para colmo, en un momento en que la víctima hacía uso de la palabra frente a una audiencia. No, este no es el gesto de un loco senil: es una calculada maniobra para demostrar poder en un momento de debilidad política; es el gesto torpe, malintencionado, despiadado, ofensivo y denigrante de un político que busca desesperadamente demostrar que todavía él manda en su alianza política, en su ciudad y en sus concejales. Puede parecer una forma enferma de demostrarlo, pero no lo es, no en una sociedad donde los cuerpos de las mujeres venden todo lo vendible.

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