Columnistas

El gigante aturdido

Argelia es un gigante que yace aturdido, pero que más pronto que tarde echará de una vez a andar

La Razón (Edición Impresa) / Lluís Bassets

00:38 / 21 de mayo de 2014

Las revoluciones exigen algunas condiciones. Una de las más claras, una abundante población joven, formada pero desempleada, y por tanto sin ilusión ni futuro. No le falta a Argelia: el 47% de la población tiene menos de 25 años. Las condiciones ya se dieron en 1988, cuando las revueltas liquidaron el régimen de partido único construido según el modelo soviético un año antes de que cayera el muro de Berlín, aunque al final desembocaron en la guerra civil que costó 200.000 vidas e inmunizó a los argelinos hasta hoy respecto a los impulsos revolucionarios.

Nunca se sabe de Argelia si es un país avanzado o el furgón de cola. Fue precursor de la Primavera Árabe, pero también del ascenso islamista y de la reacción militar que en 1991 interrumpió las elecciones entre la primera y la segunda vuelta para cerrar el camino al poder del Frente Islámico de Salvación. En cambio, en las elecciones del 17 de abril, de resultados previsibles, muchas cosas se parecen a las elecciones presidenciales que celebraban Ben Ali o Mubarak, los dictadores derrocados en 2011.

Hay elecciones, hay una apariencia de pluralismo y sin embargo, todo está perfectamente controlado por un poder opaco y omnímodo. La candidatura de Abdelaziz Buteflika es directamente absurda. Con 15 años de presidencia a sus espaldas, es un enfermo de 77 años que apenas puede expresarse ni mantener reuniones de trabajo. Han hecho la campaña seis colaboradores en su nombre, mientras que su intervención se ha limitado a comparecer en funciones presidenciales junto a mandatarios extranjeros.

Como sucedía antes de 2011 con casi todas las dictaduras árabes, a los europeos nos conviene ver el vaso medio lleno de una democracia defectuosa. Hay elecciones, hay candidatos que compiten, hay partidos y hay una apariencia de pluralismo. Y sin embargo, todo está perfectamente controlado por un poder opaco y omnímodo, que se concentra en el Ejército, en los servicios secretos y en las alianzas entre sus distintos clanes, y dosifica sabiamente la zanahoria del reparto de las rentas del gas y del petróleo y las pequeñas dosis de reformismo político con el palo de la represión, la división de la oposición y el control de la calle.

Argelia tiene bazas geopolíticas de primer orden: primer país árabe en territorio (2,3 millones de km2) y primer suministrador de energía (gas y petróleo) del continente africano, tiene una población aún en ascenso, que en 20 años se situará en los 50 millones, el 75% urbana. Su estabilidad es la demanda política más consistente que le llega desde EEUU y Europa, y más todavía ante la crisis de suministro energético que está alumbrando el conflicto entre Rusia y Ucrania. Es un gigante que yace aturdido, pero que algún día, más pronto que tarde, echará de una vez a andar.

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