Columnistas

El gigante ensimismado

Los estadounidenses deben enterarse de lo que el resto del mundo piensa y dice de Estados Unidos

La Razón / Timothy Garton Ash

02:28 / 19 de octubre de 2013

El lunes 13 de octubre, en Washington DC, todas las oficinas públicas estaban cerradas con motivo del Día de Colón. Claro que, de todas formas, no había casi ninguna que estuviera funcionando, por culpa del cierre de la Administración. Como todo el mundo sabe, Cristóbal Colón fue un navegante italiano que, al servicio de la Corona española, “descubrió” supuestamente América e informó de sus enormes posibilidades a un mundo asombrado. He estado todo el verano en EEUU y he podido observar con alarma creciente a un país tan decidido a hacerse daño a sí mismo que, si fuera un adolescente, cualquier amigo se vería obligado a gritar pidiendo urgentemente un médico. Ahora que vuelvo a Europa, mi conclusión es esta: EEUU debería hacer como Colón pero al revés. El mundo ya no necesita descubrir América, pero es urgente que América descubra lo que el mundo piensa de ella.

Los estadounidenses, y en especial los pocos que votan en las primarias demócratas y republicanas, deben enterarse más de lo que la gente de todo el mundo piensa y dice de Estados Unidos. Porque eso nos indica que la erosión del poder de la potencia del norte está produciéndose a más velocidad de la que casi todos predecíamos, mientras los políticos de Washington se comportan como ciervos en celo en una pelea de cornamentas.

La cobertura informativa constante de la televisión norteamericana sigue cada arremetida y cada giro de esa pelea. Es como ESPN (la cadena de 24 horas de información deportiva) pero en política. Sólo muy de vez en cuando se asoma el resto del mundo: por ejemplo, cuando el Banco Mundial y el FMI celebran sus reuniones anuales —en Washington— y sus dos responsables, Jim Yong Kim y Christine Lagarde, hablan de terribles consecuencias y consiguen ocupar unos centímetros de espacio en los periódicos. O cuando el cierre de la Administración y el enfrentamiento por el techo de la deuda obligan al presidente Barack Obama a cancelar un importante viaje a Asia en el que estaba incluida la cumbre de APEC en Bali, y deja la puerta abierta al presidente Xi Jinping para que subraye el liderazgo regional de China (“La región de Asia-Pacífico no puede prosperar sin China”).

Si quiero recibir más directamente las noticias del extranjero sólo tengo que tocar unos botones. Si recorro los canales de mi televisión de cable hasta el 73, o el 355, o el que sea, me encuentro con Al Jazeera, la china CCTV y la rusa RT. Sus periodistas suelen hablar un perfecto inglés periodístico con acento norteamericano y a veces son incluso periodistas estadounidenses que han dejado sus empresas en constante reducción de plantilla para aportar credibilidad a estos nuevos medios: por ejemplo, el jefe de la oficina de CCTV en Washington es Jim Spellman, que antes estaba en CNN. La visión que ofrecen estas cadenas de la penosa situación es mucho más dura que la versión ESPN. La página web de la cadena rusa RT, de propiedad estatal, cita un editorial publicado por la agencia china de noticias Xinhua que propone que, en vista de la crisis, “se coloquen varias piedras angulares para empezar a construir un mundo desamericanizado”.

Por supuesto, estas cadenas representan a unos Estados antidemocráticos, no a sus ciudadanos. Y es lícito preguntarse: ¿quién demonios ve CCTV o RT? ¿Hay alguien que les tome en serio? En Europa y Norteamérica, la respuesta a esas dos preguntas todavía es “no muchos” (aunque algunos más en el caso de Al Jazeera). Pero en África, Latinoamérica y ciertas partes de Asia, la cosa es muy distinta. En el competitivo mundo de la televisión internacional, estas adineradas cadenas son cada vez más influyentes.

Las percepciones son realidades, y no sólo en el ámbito del poder blando. Como señala siempre George Soros, ocurre también con los mercados financieros. Sólo un recordatorio: Estados Unidos alcanzó su límite de deuda, de 16.699 billones de dólares, en mayo de este año (en comparación, el Banco Mundial calcula que el PIB del país en 2012 ascendió a 15.685 billones de dólares). Desde mayo, el Gobierno federal ha usado “medidas extraordinarias” para pagar las facturas y refinanciar la deuda, pero esas medidas son las que, según el secretario del Tesoro, Jack Lew, se iban a agotar el jueves 17 de octubre.

Hace unos días, Lew dijo al Comité del Tesoro del Senado que los tipos sobre los bonos del Tesoro a corto plazo se habían casi triplicado en un periodo de siete días. Y hace dos semanas, Fidelity, la mayor gestora de fondos mutuos en los mercados de dinero de Estados Unidos, vendió todos sus bonos del Gobierno a corto plazo. No fue más que una precaución provisional, por supuesto, pero, de seguir así, llegará un día —un año, una década— en que la sólida confianza de los inversores en Estados Unidos se hundirá.

Hasta la forma más dura de poder duro, la actuación militar, incluye un importante factor de percepción. Vietnam acaba de despedir a su héroe de guerra, el general Vo Nguyen Giap, al que se atribuye haber expulsado a Francia y Estados Unidos de su país. Como destacaban los obituarios, la ofensiva Tet que dirigió en 1968 fue un fracaso militar, porque el Vietcong tuvo que retroceder y sufrió pérdidas enormes; sin embargo, desde el punto de vista político, fue fundamental para volver a la opinión pública estadounidense contra la guerra. Hoy, al hablar de las guerras de Irak y Afganistán, no existe una verdad objetiva, pero gran parte del mundo piensa que el Ejército de Estados Unidos no salió precisamente vencedor.

Mientras escribo estas líneas, los ciervos en celo del Senado y la Cámara de Representantes han decidido apartarse del borde del abismo en el último minuto. Sin embargo, el daño ya está hecho. El mundo ha visto cómo se erosionaba aún más la credibilidad política de EEUU. Los estadounidenses necesitan conocer esas perspectivas desde el exterior. Algunos son conscientes de esa necesidad. Es uno de los motivos por los que la página web de The Guardian para Estados Unidos recibe tantas visitas. También prestará ese servicio la versión digital del nuevo International New York Times (antes International Herald Tribune), estrenada el 15 de octubre, con un abanico más amplio de voces internacionales, aunque está dirigido, según decía con modestia el director adjunto responsable de la edición en un artículo aparecido en la web del New York Times, a “la élite política, económica y cultural del mundo”.

¿Y qué pasa con esos estadounidenses que se enorgullecen de ser menos cosmopolitas y elitistas, incluidas las minorías interesadas que preseleccionan a los representantes demócratas y republicanos en Washington, en unas primarias partidistas y pensadas para unos electores manipulados? Para ellos tengo una sugerencia de despedida. Que algún multimillonario estadounidense con espíritu de servicio público cree una cadena de televisión e internet dedicada a transmitir al gran público norteamericano, de forma gráfica y accesible, la visión que tiene el mundo de Estados Unidos. En Gran Bretaña, la gente sigue utilizando a veces una vieja exclamación de incredulidad ante algo asombroso y un poco ridículo... como lo que está sucediendo en Washington. Decimos: “Christopher Columbus!”. Podría ser un buen nombre para la cadena.

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