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Altos del Golán, ¿botín de guerra?

 El reconocimiento de Trump merma la autoridad de EEUU para ejercer presión  ante apropiaciones de tierras ilegales.

La Razón (Edición Impresa) / Ben Hubbard

00:22 / 27 de marzo de 2019

En 2010, el presidente sirio, Bashar al Assad, le pidió al presidente Barack Obama, en una carta privada, que patrocinara nuevas charlas de paz entre Siria e Israel, una quimera diplomática para una serie de presidentes estadounidenses. El principal objetivo era el control de los Altos del Golán, un estratégico altiplano rocoso en el punto de tensión donde se unen los Estados modernos de Siria, Israel, Jordania y el Líbano; que pasó a manos de Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967.

Las charlas nunca se organizaron, y en 2011 estalló en Siria una guerra civil que ha destruido el país y ha dado una nueva forma al orden regional a tal nivel que, cuando el presidente Donald Trump hizo un llamado el jueves a favor de que EEUU reconozca la soberanía israelí en los Altos del Golán, el cambio fue recibido con indiferencia en todo el mundo árabe. Actualmente, los países del golfo están más interesados en asociarse con Israel en contra de Irán que en defender ideas abstractas de dignidad árabe, y el malestar y los problemas económicos han dejado a otros países árabes más preocupados con sus propios asuntos.

En cuanto a Siria, su propia guerra ha dejado al país tan débil y repudiado que a pocos les importa sus deseos. “El Golán siempre se consideró el tesoro que Israel cedería para obtener la paz con Siria, y ahora la paz no importa, Siria quizá ya no existe en la mesa como el propietario legítimo de esas tierras”, dijo Kareem Sakka, editor en jefe de Raseef22, un sitio árabe de noticias.

Los Altos del Golán son una zona sorprendentemente hermosa y estratégica que le da a quien la controle una ventaja militar evidente respecto de la región circundante. Las fuerzas militares sirias solían bombardear Galilea, e Israel la tomó como un activo estratégico que consideraba necesario para su propia seguridad, por lo que desplazó a decenas de miles de habitantes árabes de la zona durante el proceso.

Siria lanzó un intento fallido para recuperar la zona en la guerra de 1973, que terminó con un armisticio que trajo a observadores internacionales, pero dejó la mayor parte del territorio bajo control israelí. En 1981, Israel anexó de manera efectiva el territorio, una decisión rechazada por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, con base en el principio de que “la adquisición de territorios mediante la fuerza es inadmisible”. “La decisión israelí de imponer sus leyes, jurisdicción y administración en los Altos sitios del Golán, ocupados, es nula y no tiene efecto legal internacional”, decía la resolución.

No obstante, había poco que hacer para aplicarla, y denunciar la ocupación se convirtió en punto de conversación esencial para el presidente Hafez al Assad, padre de Bashar al Assad. En un país donde la actividad política no sancionada fue prohibida, los mítines para el Golán eran comunes y a los niños de edad escolar les enseñaron consignas a favor de su liberación. A pesar de esto, a menudo siguió siendo la pieza olvidada de los “territorios ocupados”. El Sinaí fue devuelto a Egipto como parte de un acuerdo de paz, y el destino de Cisjordania y Gaza se volvió el enfoque de las charlas de paz entre Israel y los palestinos.

Varios presidentes estadounidenses intentaron revivir las charlas de paz entre Siria e Israel, lo cual culminó con el esfuerzo de Obama y John Kerry, su secretario de Estado. Pero la guerra civil siria cambió todo. Con todos sus recursos dedicados a vencer a los rebeldes y a los grupos yihadistas, el Gobierno sirio dejó que el Golán cayera en su lista de prioridades. Conforme la guerra erosionaba el Estado sirio, Israel estableció relaciones discretas con los rebeldes cerca del Golán, y trajo a algunos a Israel para que recibieran atención médica.

A raíz de la brutalidad de Al Assad mostrada en la guerra civil, pocos miembros de la región están dispuestos a ponerse de su lado en un asunto de ley internacional. Sin embargo, el reconocimiento de Trump de la toma de las tierras de un Estado por parte de otro podría hacer más difícil que EEUU ejerza presión cuando los líderes autoritarios lleven a cabo apropiaciones de tierras. “Las ideas del orden internacional y la ley internacional recibirán un gran golpe aquí”, en palabras de Hussein Ibish, académico residente sénior en el Arab Gulf States Institute en Washington. “Ahora mismo, ¿qué le diríamos a Saddam Hussein en Kuwait? ‘No queremos que estés aquí’. ‘¿Basados en qué?’”.

* Periodista y escritor, director de la edición del The New York Times de Beirut. © The New York Times, 2019.

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