Columnistas

Un gran cambio en el poder estadounidense

Parece que en EEUU los blancos de mediana edad se están matando a sí mismos lenta o rápidamente

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

01:22 / 16 de enero de 2016

Por qué América Central se está matando a sí misma? El reconocimiento de esta problemática probablemente sea el avance más importante en años en las ciencias sociales. De hecho este conflicto ya está remodelando la política estadounidense. El periodista Jeff Guo, del Washington Post, señala que las personas que constituyen esta cohorte son “en gran medida responsables por la ventaja de Donald Trump en la carrera de la candidatura para candidato presidencial del Partido Republicano.” La pregunta clave es por qué razón, y explorar esta interrogante provee respuestas que sugieren que la furia que domina la política estadounidense solamente empeorará.

Durante décadas, las personas de los países ricos han vivido vidas más largas. Sin embargo, en un trabajo, que ahora es famoso, los economistas Angus Deaton y Anne Case encuentran que en Estados Unidos en los últimos 15 años los blancos de mediana edad están muriendo en números históricos. Y las cosas se ven mucho peor para aquellos que únicamente tienen un diploma de secundaria o una educación menor. Hay algunas preocupaciones acerca de los cálculos; no obstante, incluso la crítica principal del trabajo reconoce que, como quiera que esta tendencia sea medida, “el cambio comparado con otros países y grupos es grande”.

Las causas principales de su muerte son tan sorprendentes como el hecho en sí mismo: suicidio, alcoholismo y sobredosis de medicamentos recetados junto a drogas ilegales. “Parece ser que las personas se están matando a sí mismas lenta o rápidamente”, me dijo Deaton. Estas circunstancias son generalmente causadas por estrés, depresión y desesperación. El único pico en defunciones comparable en un país industrializado tuvo lugar entre los hombres rusos en el despertar del colapso de la Unión Soviética, cuando las tasas de alcoholismo se dispararon.

Una explicación convencional para este estrés y ansiedad de la clase media es que la globalización y el cambio tecnológico han colocado crecientes presiones en el trabajador común de una nación industrializada. Pero la tendencia se encuentra ausente en cualquier otro país occidental; es un fenómeno exclusivamente estadounidense. Y Estados Unidos en realidad está relativamente aislado de las presiones de la globalización, con un mercado interno vasto y autónomo. El comercio constituye solamente el 23% de la economía estadounidense, en comparación con un 71% en Alemania y un 45% en Francia.

Deaton especuló que tal vez el estado de bienestar más generoso de Europa podría aliviar alguno de los miedos asociados con el cambio rápido. Ciertamente cree que en Estados Unidos los doctores y empresas farmacéuticas están demasiado entusiasmadas con lidiar con el dolor físico y psicológico, recetando drogas que incluyen opiáceos poderosos y adictivos. El momento de la introducción de drogas como Oxycotin, un analgésico que necesita receta como la heroína, coincide con el aumento en las tasas de defunciones.

No obstante, ¿cómo se explica el hecho de que no vemos esta tendencia en otros grupos étnicos estadounidenses? Mientras que las tasas de mortalidad para los blancos de mediana edad se han mantenido o han aumentado, las tasas de los hispanos y negros han seguido descendiendo significativamente. Estos grupos viven en el mismo país y enfrentan mayores presiones económicas que los blancos. ¿Por qué entonces no se encuentran en una desesperanza similar?

Tal vez la respuesta tenga que ver con las expectativas. El antropólogo de Princeton Carolyn Rouse sugirió en un intercambio de emails que quizás otros grupos no tengan las mismas expectativas en cuanto a que sus ingresos, calidad de vida y estatus social; expectativas que tienden a mejorar de manera constante con el tiempo. No tienen la misma confianza en que si trabajan duro, con seguridad saldrían adelante. De hecho, Rouse dijo que luego de cientos de años de esclavitud, segregación y racismo, los negros han desarrollado un conjunto de maneras para lidiar con la decepción y la injusticia de la vida: la familia, el arte, el discurso de protesta y, sobre todo, la religión.

“Han sido los veteranos del sufrimiento creativo”, le dijo Martin Luther King a los afroamericanos en su discurso I have a dream (Tengo un sueño) en 1963: “Continúen trabajando con la fe de que el sufrimiento no merecido es redentor.” Al escribir un artículo en 1960, King explicó la temática en términos personales: “Cuando mis sufrimientos aumentaron, me di cuenta pronto de que hay dos maneras en las que puedo responder a mi situación: reaccionar con amargura o buscar transformar el sufrimiento en una fuerza creativa (...) Así que como el apóstol San Pablo, puedo decir humilde pero orgullosamente que ‘llevo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús’”.

La experiencia hispana del inmigrante en Estados Unidos es, por supuesto, diferente. Sin embargo, una vez más, pocos de estos grupos creyeron que su lugar en la sociedad estaba asegurado. Las minorías, por definición, se encuentran en los márgenes. No asumen que el sistema esté establecido para ellos. Se esfuerzan y esperan triunfar, pero no lo esperan como norma.

Estados Unidos está atravesando un gran cambio de poder. La clase trabajadora de los blancos no se ve a sí misma como un grupo de élite. Pero, en cierto modo, fueron comparados con los negros, hispanos, indios americanos y con la mayoría de los inmigrantes. Fueron centrales para la economía de Estados Unidos, así como también para su misma identidad; pero ya no lo son. Donald Trump ha prometido que cambiará esto y los hará ganar nuevamente. Sin embargo, no puede. Nadie puede. Y, en el fondo, lo saben.

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