Columnistas

La gran revolución de Charcas

El ‘Silogismo altoperuano’ fue la doctrina que cimentó legalmente la emancipación americana

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón / La Paz

21:35 / 17 de mayo de 2016

En este mes se conmemora un nuevo aniversario de la revolución del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca, acción que no solo fue la cuna del movimiento libertario de toda Hispanoamérica, sino que además aportó el alegato jurídico para justificar dicha emancipación. Cabe recordar que en ese día, tomando como motivo la detención de Don Jaime Zudáñez, el pueblo chuquisaqueño se amotinó, depuso a las autoridades peninsulares y conformó el primer gobierno autónomo de todo el continente americano al sur de Río Grande. Los que encabezaron el movimiento popular fueron los jóvenes abogados de la Academia Carolina, anexa a la universidad, que estaban complotando desde hace tiempo con el fin de iniciar un movimiento emancipador.

El gobierno autónomo estuvo dirigido por el coronel Don Juan Antonio Álvarez de Arenales, español de nacimiento, a quien no se quiso dar el título de gobernador que recordaba la dominación colonial. Se le nombró Comandante General de Armas. Es de lamentar que en Bolivia casi sea desconocida la gran figura de Arenales, pese a haber sido el primer gobernante del Alto Perú independiente y el principal guerrillero de la independencia nacional. Además, fue el triunfador de la batalla de la Florida, la cual, junto con Suipacha, son las únicas victorias patriotas libradas en estas tierras altas en los 16 años que duró la guerra emancipadora.

¿Cuáles fueron las causas de los acontecimientos producidos en La Plata ese 25 de mayo que desencadenó a la postre la larga guerra de la independencia hispanoamericana? La trascendental sublevación charquina no fue fruto de las disidencias entre oidores y el Presidente de la Real Audiencia, sino que tenía raíces muy profundas, como lo investigó nuestro gran historiador Gabriel René Moreno. Precisamente él manifiesta que ese levantamiento estaba asentado en sólidos argumentos filosófico-jurídicos, los mismos que resumió en el llamado Silogismo altoperuano.

Como todo silogismo, éste estaba constituido por dos premisas y una conclusión. Premisa mayor: el vasallaje colonial es atributo debido no a España, sino a la persona del legítimo rey borbónico de España. Premisa menor: nuestro legítimo y recién jurado rey Fernando VII abdicó junto con toda su familia borbónica de España. Conclusión: la Monarquía está legal y definitivamente acéfala por vacancia del trono. Debe ser desobedecido el rey Bonaparte o cualquier otro que España quiera darse. Deben cesar en sus funciones delegados y mandatarios de la extinta autoridad soberana, y deben en este caso proveer por sí mismas las provincias altas a su propio gobierno supremo.

La razón principal de que el fundamento filosófico-jurídico de la insurrección americana surgiese en La Plata, hoy Sucre, se debió al extraordinario desarrollo de la Universidad de San Francisco Xavier de Charcas, a la que se iba a estudiar desde Buenos Aires y desde gran parte del sur del Perú. Por ello, en La Plata se conjuntaron las personalidades más destacadas de todo el Virreinato de Buenos Aires, como los hermanos Zudáñez, Mariano Moreno, Juan José Castelli, Bernardo Monteagudo, Mariano Serrano, Antonio Medina y muchos otros. Esta intelectualidad no solo planteó la justificación de la independencia hispanoamericana, sino que fue asimismo la que inició esa rebelión del 25 de mayo de 1809; luego continuó su obra con la revolución del 16 de julio en La Paz y, posteriormente, con la de Buenos Aires, el 25 de mayo del año siguiente.

El Silogismo altoperuano fue, pues, la doctrina que cimentó legalmente la emancipación americana y es un auténtico honor de Charcas. Como comenta don Roberto Prudencio, si la gloria de Chuquisaca es haber concebido dicho silogismo, la del historiador René Moreno fue haberla dado a conocer al continente mediante sus libros Últimos días coloniales en el Alto Perú y Mariano Alejo Álvarez y el silogismo altoperuano, los cuales “se convierten en un alegato y en una probanza de que no solo el primer Grito de Independencia surgió en el Alto Perú, sino también la doctrina jurídica que le sirvió de base” (ibídem).

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