Columnistas

Ser guardabosque

Los humanos no tienen derecho a destruir la diversidad sólo para satisfacer sus necesidades.

La Razón (Edición impresa) / Svetlana Salvatierra

01:13 / 26 de mayo de 2013

Insisto. Quiero un planeta en el que mis tataranietos y los de ellos y así sucesivamente disfruten de la riqueza que aún ofrece la Tierra; y lo propio para los suyos, estimado lector. Sus límites ya han sido fijados: para los que creen en las profecías de Nostradamus, allí hay algunas aproximaciones de lo que puede suceder. Los científicos modernos advierten sobre el incremento de dos grados más de temperatura en el planeta, fenómeno que puede ser catastrófico para la población, aunque a pocos (políticos e industriales de todo el mundo) realmente les interesa.

En los últimos años se han formulado nuevas propuestas para un desarrollo que cuide los recursos y a la población más allá de 2050. Por ejemplo, en la década de los 90 apareció en escena el concepto de Vivir Bien, que ahora marca su presencia. ¡Cuidado! No me refiero al discurso político de los gobiernos denominados progresistas en la región, que toman como bandera este concepto que está en construcción, ni a las empresas que esconden destrucción e inequidad detrás de la Responsabilidad Social Empresarial.

En un reciente taller de periodistas, organizado por la fundación Friedrich Ebert Stiftung, tuve la oportunidad de conocer a Eduardo Gudynas (Centro Latinoamericano de Ecología Social); así como también a los protagonistas e ideólogos (uno de ellos boliviano) de esta nueva construcción de desarrollo.

Ahora bien, quiero referirme en concreto al noruego Arne Dekke Eide Næss, quien falleció en 2009, fundador de la Ecología profunda. Disciplina que, en lenguaje wikipedia, se define como: “una rama reciente de la filosofía ecológica que considera a la humanidad parte de su entorno, proponiendo cambios culturales, políticos, sociales y económicos para lograr una convivencia armónica entre los seres humanos y el resto de seres vivos”, es decir que “considera que los seres humanos no tienen derecho a pasar por encima de la diversidad, únicamente para satisfacer sus necesidades vitales”.

Eso pasa en Europa, mientras que en este lado del planeta está el Suma Qamaña, cuyo ideólogo es Simón Yampara, que al igual que el ecuatoriano Alberto Acosta, promotor del Bien Vivir, están alejados del poder. Tres visiones similares que apuntan a respetar diversos relacionamientos de los seres humanos con el planeta y de su convivencia armoniosa. No hay una fórmula del Vivir Bien, manifiesta Gudynas. Acepto que está en construcción y se opone al neoextractivismo, monocultivos y compensar por destruir la naturaleza que es parte de la comunidad.

En el sur también contaminamos. El ritmo es vertiginoso. El planeta no será tan grande si sigue bajo el poder del dinero. Por eso me declaro guardabosque del planeta. ¿Y usted?

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