Columnistas

La gusanera democrática

El parásito de este gobierno no proviene ni de los socavones de angustia ni de las plantaciones de coca

La Razón / Óscar Díaz

01:48 / 06 de febrero de 2012

Hay una gran diferencia, políticamente hablando, entre la oposición y el oficialismo. La oposición vive una primavera democrática, con una golondrina que busca hacer verano; el oficialismo, una gusanera ídem, con una larva parasitaria que amenaza el ecosistema montado por el conservacionista Evo Morales.

Biológicamente hablando, un parásito es un organismo que vive a costa de otro de distinta especie. Si trasladamos la biología a la política nuestra, un parásito es un depredador de gabinetes, es decir, el que se nutre de sus colegas (huéspedes), provocándoles una muerte lenta.

A diferencia de varios de los huéspedes del ecosistema de Morales, el parásito de este gobierno no proviene ni de los socavones de angustia ni de las plantaciones de coca. Si las humedades de la política lo han enterrado en esta gusanera será por su necesidad de comer, de vivir a costa de los demás.

Como buen gusano, tiene color ceniciento y un refinado gusto por la seda (gusano de seda) que escuece al vecindario en el gabinete de las lanas. Esto no le genera remordimiento (gusano de conciencia); probablemente sí los relocalizados pero, como todo capitán moderno sabe, no hay naufragio que ahogue con lancha y salvavidas (para él) al alcance de la mano. De última, viene el comandante y ordena un cambio de timón (no de barco, de camión); eso antes que tener que arrastrarse como larva en pena yendo y viniendo de la frontera.

Este gobierno, con gran tino, se había zafado de su parásito. Mas el rey de la selva (el comandante, no el capitán, del camión) dispuso su vuelta (con todo y seda) al gabinete (de las lanas), poniendo en riesgo el ecosistema. Es la diferencia de la oposición con el oficialismo: la primavera versus la gusanera.

El reverdecer de la oposición con Moisés Torres en Sucre ha alentado las esperanzas de que se produzca un rescate de la democracia cautiva (bajo tierra) y amenazada de muerte por la peligrosa larva. Una golondrina no hace verano, menos en primavera y sin saber hasta cuándo la dejarán volar… Todo el mundo conoce cuál es el pasatiempo preferido de este gobierno: cazar golondrinas y enjaularlas.

La primavera democrática de la oposición contrasta, así, con la gusanera ídem del oficialismo. Por un lado asume un alcalde que no estaba en los planes de ningún masista y esto revive a un sector de la política (nacional) que se creía muerto; por el otro, los esfuerzos del ambientalista Evo Morales por mantener un ecosistema saludable son sepultados con un funesto enroque de ministros y luego celebrados (algarabía mediante del novio de la presentadora de TV y al ritmo de la cintura quebradiza de la Presidenta del Senado) en la fiesta bailable del segundo aniversario de la plurinacionalidad. Primavera versus gusanera. Dos democracias, dos caminos.

Cuesta creerlo pero el gabinete ha sido el premio de este gobierno para su parásito; sí, el mismo que durante su primera gestión, cuando ostentaba el cargo que acaban de devolverle (en mérito, seguramente, a su camionada de conocimientos y a su trabajo sin manchas), hacía de sepulturero en sus ratos libres.

Conocido productor de seda, ejemplar adulto incrustado en el gabinete para terror de sus enlanados huéspedes, un día tuvo la magnífica idea de colocar, en un discurso público, el epitafio más atroz que alguien haya dedicado a un hombre en vida: “Descanse y conviva con los gusanos”. Dice el dicho que “el ladrón piensa que todos son de su condición”.

Había una vez… un gabinete. Ancho y ajeno, como el mundo según Ciro; más ovalado que redondo, madrugador. Un gabinete y su gusano depredador; qué Alegría.

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