Columnistas

El hambre de las armas

El mundo no está en paz y no hay una verdadera voluntad para cambiar esta situación

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:02 / 22 de enero de 2015

El 16 de diciembre de 2014, el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la paz informó que las 100 mayores empresas productoras de armas acumularon 402.000 millones de dólares por ventas en 2013. Poco antes, la FAO dio a conocer que haría falta una inversión de 44.000 millones de dólares anuales para erradicar el hambre en el mundo; los gobiernos de los países desarrollados piensan que es mucho dinero y aseguran no disponer de tal cantidad, aunque son los mismos que se comprometieron a reducir el hambre a la mitad hasta 2015.

Combatir el hambre sería más barato que ignorarla, dicen los activistas que buscan terminar con este flagelo. Pero es casi imposible razonar con quienes toman decisiones a nivel mundial, en un mundo donde se ha perdido la cordura, y en el que la ambición de riqueza campea, diseminando guerras para beneficio de quienes comercian con la muerte.

En este momento al menos 23 países están en conflicto armado: 11 en Asia, nueve en África, dos en Europa y uno en América. Se trata de enfrentamientos internos, algunos de vieja data como el de Birmania, desde 1948; Colombia, desde 1964; la India, desde 1964; y entre los más recientes el de Ucrania, desde 2014. El desgaste que ocurre en cada una de estas sociedades no da tregua para luchar contra males como la falta de alimentos o el desigual reparto de éstos, la escasez de escuelas, la inexistencia de hospitales, la nula instalación de agua potable o de conexiones eléctricas. Están ocupados haciendo la guerra.

El 24 de diciembre de 2014, como un regalo de Navidad, entró en vigor el Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA), que fue aprobado por unanimidad el 2 de abril de 2013 por los gobiernos representados en las Naciones Unidas. Este convenio prohíbe a los Estados transferir armas convencionales a otros países si saben que van a ser utilizadas para cometer genocidios, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra o facilitar su comisión; es de gran importancia para países como República Democrática del Congo u otros que están en guerra, donde el comercio sin control de las armas contribuye a la violación de los derechos humanos, entre ellos la violación sexual y el reclutamiento de niños para el combate.

El mundo no está en paz y no hay una verdadera voluntad para cambiar esta situación. Mucho tiempo y esfuerzo llevó la aprobación del tratado sobre el comercio de armas porque hay muchos intereses en el tráfico mundial, muchas ganancias, miles de millones de dólares para unos pocos fabricantes de la muerte. Según Amnistía Internacional, existen más leyes internacionales que regulan el comercio de las bananas que el de las armas.

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