Columnistas

Nuestra hermana Venezuela

Es tiempo de restablecer los diálogos de pueblo a pueblo, de restaurar el respeto mutuo.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

00:00 / 22 de marzo de 2015

Yo tengo tantas hermanas que nos las puedo contar / en el valle, en la montaña, en la pampa y en el mar / cada cual con sus trabajos, con sus sueños cada cual / con la esperanza delante y los recuerdos detrás. / Yo tengo tantas hermanas que no las puedo contar”. Estos versos de Atahuallpa Yupanqui expresan hoy —2015— más que nunca el tejido de esperanzas de los pueblos a lo largo de todo el continente de Abya Yala. Los movimientos revolucionarios de Venezuela y de Bolivia; la resistencia revolucionaria de Cuba; la presencia de compañeros revolucionarios en el Gobierno de Uruguay; el cambio de gobierno en Brasil, Argentina, Ecuador y en países de Centroamérica... en fin, son procesos que, bajo diferentes formas y métodos, están promoviendo cambios sustanciales para nuestro continente.

Aunque ahora no lo consideremos como tal, Estados Unidos y Canadá también forman parte del continente. La continuidad de la tierra es un entramado de energías, de historia y de culturas que nos enlazan con los pueblos originarios de Canadá y de Estados Unidos, aunque éstos hayan sido sistemáticamente negados y arrinconados durante los últimos siglos. Es la memoria larga la que nos une. Es tiempo de restablecer los diálogos de pueblo a pueblo, de restaurar el respeto mutuo, y de desterrar el miedo y la desconfianza.

En los territorios de lo que hoy se llama Estados Unidos y Canadá domina una mentalidad patriarcal, imperialista, individualista y depredadora, que un grupo minoritario ha impuesto al resto, a través de una clase media que tiene ciertas condiciones de vida y comodidades que teme perder. En el imaginario colectivo estadounidense se ha creado una idea de vida que hoy por hoy se plantea como modelo para el resto de la humanidad.

Ciertamente a lo largo de la historia norteamericana, muchas y muchos revolucionarios de todos los colores de piel, diferentes culturas y edades, han conservado los deseos de cambiar las estructuras de poder que lastiman cotidianamente al mundo, incluido a Estados Unidos; pero hoy estos esfuerzos ya no son suficientes. Los pueblos de Estados Unidos y de Canadá son prisioneros de una democracia pactada, que los engaña haciéndoles creer que eligen a sus gobernantes. Si la democracia no sirve a la gente de a pie, como lo hicimos en Bolivia y en Venezuela, servirá para oprimir a los pueblos.

Los procesos políticos en América Latina han sorprendido a las esferas de poder estadounidenses; y el pueblo venezolano hoy es amenazado por este grupo de poder dominante en Estados Unidos. Desde hace dos años que los medios de comunicación atacan fuertemente a Venezuela todos los días, inventando problemas en las calles y magnificando otros que no son tan importantes.

¿Qué la reducción en los precios del petróleo afecta a Venezuela? Claro que sí, de eso se trata, de atacar a los países petroleros que tienen un perfil antiimperialista, no todos, por supuesto. Pero de ahí a afirmar que el pueblo venezolano está harto de la revolución bolivariana es una mentira. Y mucho menos el creer que pueden invadirla. Venezuela no está sola, es nuestra hermana y ahí estaremos las feministas comunitarias para apoyarla.

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