Columnistas

Un hombre llamado Pando

Pando ejemplificaba muy bien la pervivencia de una mentalidad de casta señorial y colonial

La Razón (Edición Impresa) / Gustavo Rodríguez Ostria

00:00 / 27 de abril de 2014

En 1938, el llamado Territorio de Colonias, otrora emporio de la extracción de goma elástica, se convirtió en el departamento de Pando, en honor del expresidente Juan Manuel Pando, quien exploró esos territorios a fines del siglo XX. Correspondió al militar ser parte medular del llamado “periodo geográfico” por el cual el Estado oligárquico corría la línea fronteriza “civilizatoria” más allá de donde la habían plantado los colonizadores del viejo mundo y sus integrantes consideraban que poseían el mismo derecho legal o divino —o ambos— de tomar posesión de tierras y capturar a sus habitantes para usarlos como mano de obra forzada a título de civilizarlos. Salvo el cierto énfasis que los españoles pusieron en la catequización, y que los apetitos laicos y burgueses de los “gomeros” no consideraban como motivación, las élites criollas se comportaban de la misma manera que sus antecesores hispanos. Sin tapujos lo reconocería el diputado Alcibíades Guzmán. “En la nueva empresa estamos repasando los senderos y conquistas de misioneros y soldados españoles”.

Otra prueba se halla en el Diario de viaje de Pando, entonces coronel de artillería. Años más tarde tendría un dudoso papel en la revuelta de 1899. El militar recorrió en 1893 las regiones fronterizas con Perú. El 24 de febrero avistaron una canoa con “salvajes”, a los que persiguieron con el afán de capturar a “algún muchacho para conocer el idioma y facilitar la comunicación con ellos”. Fracasaron, pero al mediodía del 27 arribaron al río Imbarí. El pabellón boliviano, en señal de conquista, fue izado en medio de salvas, y flameó por primera vez.

El 6 de marzo, a poco de fundar una pequeña aldea y tomar posesión del territorio y redactar un acta formal, fueron atacados por “salvajes” que los retaron a duelo insultándolos en español —prueba de un contacto previo— y en Tacana. Dispararon flechas a lo que los hombres de Pando respondieron con fuego de fusil. Los indígenas se retiraron, permitiendo a la tropa boliviana tomar su aldea donde hallaron tejidos, flechas, utensilios y varios animales domésticos. Tras escaramuzas como éstas, Pando quedó convencido de que no era posible desarrollar una larga política de conversión de los “infieles” ni su reducción al catolicismo civilizatorio a cargo de curas misioneros. Simplemente no había tiempo, con el elevado precio de la goma era imperioso tomar territorios y vencer la resistencia de sus habitantes, incluso por la fuerza. Pando expresó que se imponía la guerra étnica, en la que debería involucrarse el Estado para dejar “libre el campo para el desarrollo de las industrias que con ventaja pueden establecerse (…). Sin participar del todo de opinión de aquel general norteamericano, el único indio bueno es el indio muerto (...). Pensamos que en los tiempos que corren y rotas como están las hostilidades entre ambas razas, es ilusorio pensar en la reducción”.

Pando ejemplificaba muy bien, pese a su barniz modernista, la pervivencia de una mentalidad de casta señorial y colonial, de la cual las élites no abjuraron pese a la independencia con España. En propiedad, la República, fundada en 1825 apelando a la igualdad y la ciudadanía, no sería sino una continuidad de la dominación hispana. Claro que de ello no habla la historia oficial, que día a día niños y niñas (mal) aprenden en nuestras escuelas.

Es historiador.

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