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Tres hombres

Tres hombres conocen la verdad. Los dos que quedan vivos son esenciales para aclarar el caso

La Razón / Reymi Ferreira

00:02 / 29 de marzo de 2013

Mutis por el foro es lo que ha hecho el fiscal Marcelo Soza, encargado de investigar al grupo encabezado por Eduardo Rózsa.   El caso, complejo desde sus inicios, fue utilizado por el Gobierno con buen resultado para arrinconar a los recalcitrantes opositores en el oriente. Pero comienza a convertirse en argumento para la oposición que al descalificar el caso, pretende descalificar al Gobierno.

Tres nombres son clave en el caso: Eduardo Rózsa, el capitán Wálter Andrade y el fiscal Marcelo Soza. El primero, brutalmente muerto en la intervención policial, no puede decir mucho, excepto lo que dejó grabado en videos en Hungría y que encargó a un amigo difunda en caso de muerte. El segundo, el capitán Andrade, se infiltró tempranamente a la célula armada y se encuentra extrañamente oculto; su testimonio serviría de mucha ayuda para despejar las dudas. El tercer hombre, Marcelo Soza, ha desaparecido y conoce en detalle la investigación desde sus inicios.

Lo que al comienzo parecía un caso claro de terrorismo, hoy aparece mezclado con manipulación política desde el Gobierno y grabaciones comprometedoras. No se puede negar que la acción confusionista de la oposición ha jugado un rol importante en oscurecer el proceso, buscando la impunidad de los implicados; pero sería iluso negar la extorsión, manipulación e impericia de parte de los que tenían la responsabilidad de investigar los hechos.

Se equivocaron los que intentaron utilizar el caso políticamente, en lugar de limitarse a buscar justicia. Se equivocó el Ministerio de Gobierno al contratar a abogados de moral corruptible; se equivocó la Fiscalía al involucrar a personas que no tenían que ver en la red, permitiendo que la responsabilidad de los financiadores de la banda se diluya, varios de los que pagando a algunos funcionarios del ministerio o a fiscales hoy se defienden en libertad o han sido excluidos del caso.

Pocas dudas caben de que Rózsa fue traído y financiado por el grupo La Torre (varios de cuyos integrantes escaparon en 2009). Uno de los mercenarios locales recibió dinero para comprar armas y lo malgastó; y para evitar represalias, denunció al grupo a la Policía, la que infiltró al capitán Andrade, quien monitoreó al grupo hasta su fin. Las maquinaciones posteriores, los extorsionadores, los errores de los fiscales fueron paulatinamente desvirtuando el caso. El otro ingrediente lo puso la oposición, que desvió la investigación por las ramas, montando con base en sofismas, suposiciones y algún hecho evidente, la teoría de la conspiración, según la cual sería el Gobierno el que trajo al país al grupo terrorista. Tres hombres conocen la verdad: uno está muerto, los dos que quedan vivos, son imprescindibles para aclarar la historia.

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