Columnistas

La hora del miedo

La migración ilegal ya se ha convertido en una industria. Los Zetas controlan a los coyotes

La Razón / Jaime Iturri

03:11 / 14 de diciembre de 2012

A las mujeres salvadoreñas que van hacia Estados Unidos se les coloca una inyección antes de entrar a territorio mexicano. Es un anticonceptivo. Ellas saben que casi con seguridad serán violadas en territorio azteca. Y lo peor, esta historia que es contada en todas partes no ha hecho carne en la sociedad como para que alguien haga algo para parar tanto vejamen.

Y a pesar de que las salvadoreñas saben que el precio de pasar los 5.000 kilómetros mejicanos que las separa de los trabajos más duros en el “país de las oportunidades” se paga, también, con la humillación y el dolor del abuso sexual, siguen pasando por miles.

La migración ilegal ya se ha convertido en una industria. El monopolio de los coyotes lo controla la mafia de Los Zetas, exmilitares que se convirtieron en narcotraficantes y que luego extendieron su campo de acción a otros delitos.

El periodista salvadoreño Óscar Martínez ha viajado junto a los migrantes de su país recorriendo en  tren los caminos hacia Estados Unidos. Y ha documentado el viaje, los sueños y el sufrimiento de sus compatriotas.

Escuché su presentación en el Encuentro Internacional de Periodismo de la Universidad de Guadalajara que organizó mi carnal José Alonso Torres. Por supuesto, compré el libro, que devoré en una noche. Quedé estupefacto. Pues en la narración cuenta también cómo algunas de esas mujeres se convierten en amantes de los migrantes más fuertes, para que las protejan de los asaltos y del abuso sexual.

No deja de ser irónico que millones de mejicanos tengan estatus de migrante ilegal en Estados Unidos. De esta manera, con seguridad gran parte de los violadores tienen familias, madres, hermanas, novias, que han cruzado el río Bravo. Sin embargo, consideran que las salvadoreñas deben pagar con su cuerpo el paso hacia el país del norte.

En México he visto cosas maravillosas y he reído a mandíbula batiente con hombres y mujeres que juegan permanentemente con el idioma, que sueñan, que se enfrentan al poder, que quieren una patria sin asesinatos y que escriben todo el tiempo para denunciar las fuerzas del mal, para apartar del camino el horror, para conjurar la maldición del séptimo círculo, el de los violentos.

Pero también he visto el miedo, la pesadilla y es que aquí, en el territorio donde la Malinche se juntó con Hernán Cortés, el cuerpo de la mujer sigue siendo territorio de la chingada (la rasgada, la violada). Como hace siglos.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia