Columnistas

Las illas y el pesebre

Todas las religiones han elaborado a lo largo de los siglos sus tiempos sagrados y sus tiempos ordinarios.

La Razón (Edición Impresa)

01:40 / 10 de diciembre de 2017

Qué tiene que ver la feria de Alasita con la Navidad? Supuestamente nada, porque la tradición cristiana fue traída por los conquistadores, y antes de su llegada la Navidad no existía. Desde el arribo del catolicismo, esta celebración constituye un espacio sagrado instalado en el año litúrgico, que es diferente al año escolar o laboral y al calendario civil. A partir del Medioevo, el calendario litúrgico era el que regía la vida de la sociedad europea, pero se tuvo que modificar por el calendario laboral, a fin de no perturbar el trabajo, fundamentalmente agrícola. Por esta razón, no es la Iglesia Católica la que establece los días festivos, sino la sociedad.

Para entender esto les sugiero coger un almanaque Argote o Bristol con santoral y una calculadora. La Iglesia Católica tiene su tiempo de Pascua, que dura desde la tarde del Jueves Santo hasta el día de Pentecostés; y su tiempo ordinario, que comienza el lunes siguiente a Pentecostés, fiesta judía en memoria de la ley de Dios que les dio en el monte Sinaí, que se celebraba 50 días después de la Pascua. También tiene la festividad que conmemora la venida del Espíritu Santo. La Iglesia celebra esta conmemoración el quincuagésimo día que sigue a la de Pascua de Resurrección, contando ambos, fluctúa entre el 10 de mayo y el 13 de junio.

Todas las religiones, tanto las monoteístas como las que manifiestan devoción a varias divinidades, han elaborado a lo largo de los siglos sus tiempos sagrados y sus tiempos ordinarios. El adviento, de adventus, venida, llegada, del año litúrgico no es lo central en los rituales católicos, sino que éste se estructura a partir del misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Recién en torno al siglo IV se da forma a la celebración de la Navidad.

En un templo católico cierta vez vi una rosca grande puesta en el altar. Inmediatamente la relacione con las roscas que se venden en las calles. Esto tiene que ver con la Corona de Adviento, también llamada Corona de las luces de Adviento. Este es un soporte redondo, revestido con ramas verdes, sobre el que se colocan alrededor cuatro cirios; también se lo puede utilizar en un ambiente familiar, en la oficina o en el trabajo.

El simbolismo de esta corona tiene que ver con la luz de los cirios como salvación; y el verde de las ramas, con la vida; la forma redonda, con la eternidad. A medida que se acerca la Navidad se encienden las cuatro velas gradualmente durante las cuatro semanas de adviento cada domingo. Por ejemplo, el primer domingo se enciende un cirio; el segundo, dos y así sucesivamente, hasta llegar a los cuatro y al tiempo de Navidad. En este momento se puede añadir un quinto cirio, blanco, hasta el final del tiempo de Navidad y se puede colocar la imagen del Niño con relación a la corona.

Siempre es grato el recuerdo del montaje de los nacimientos, cuando nuestros padres o abuelos nos hacían participar. Era un juego cuya parafernalia y simbolismo no entendíamos ni un pepino; estoy seguro que nuestros padres tampoco lo entendían. Teníamos licencias para nuestra creatividad porque, debo confesarlo, hasta ahora no entiendo los espacios pascuales ni los tiempos ordinarios. Por eso creo que los misioneros tuvieron que aceptar otras visiones a la hora de evangelizar.

Mientras que en el mundo indígena estamos en lapak pacha (o tiempo caliente), preparándonos para la Alasita y el Anata (ya que el 21 de diciembre es el solsticio de verano, tiempo del jallu pacha o tiempo húmedo, hembra). Ese día se elaboran pequeños símbolos para la fecundidad, llamadas illas “cualquier cosa que uno guarda como provisión de su casa, como chuñu, maíz, ropa y aun joyas” (Bertonio), e ispallas “deidad de todos los plantíos comestibles” (Xavier Albó), ritual que está renaciendo.

En los años 40, había la costumbre de amasar arcilla para modelar pequeñas representaciones de figuras, comestibles, casitas, con las que se le solicitaba al Niño Jesús, escenificado en el nacimiento, que se cumplan los deseos. Supuestamente “a las 12 de la noche del 24 de diciembre, el Niño mira los objetos, los bendice, y el creyente no tarda en obtener su pedido” (P. Candia). Así se mezclaron los rituales de la Alasita con la Navidad.

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