Columnistas

La implosión del periodismo

La tinta y el papel están siendo reemplazados vertiginosamente por la revolución numérica.

La Razón / Carlos Antonio Carrasco

04:15 / 03 de marzo de 2012

La  implosión funciona detonando los explosivos en la superficie externa del objeto,  por lo que la onda expansiva se mueve hacia adentro. Ese fenómeno se ha operado con la aparición del Internet hace dos décadas que, en opinión de Ignacio Ramonet, tuvo un impacto comparable al meteorito que hizo desaparecer  los dinosaurios y que “está provocando un cambio radical de todo el ecosistema mediático y la extinción masiva de diarios de la prensa escrita”.  Evidentemente, la tinta y el papel están siendo reemplazados vertiginosamente por la revolución numérica y la difusión incesante de las redes sociales.

Es por eso que en su fascinante libro La explosión del periodismo, Ramonet sostiene que cada ciudadano en la sociedad moderna tiene la vocación de convertirse en periodista, utilizando sencillos dispositivos como los blogs, la red Twitter o Facebook. Está al alcance de los internautas intercambiar entre ellos sonidos, imágenes y textos que anónimas masas de curiosos van a verlas y comentarlas. Entonces, como dice el autor, se ha producido la “circulación circular de la información”. Se está transitando de la “era de los medios de masa a la masa de los medios” donde revelaciones como las de WikiLeaks ayudan a instaurar “un mundo sin secretos”.

Pero esas maravillas tecnológicas no están exentas de peligros y de abusos, porque se multiplica con igual velocidad el  riesgo de manipulaciones con objetivos innobles. Ante los “latifundios mediáticos” que dominan el denominado Cuarto Poder, que lo cree muerto, el director de Le Monde Diplomatique propone la invención de un Quinto Poder para denunciar el aplastante poderío de algunos grandes grupos mediáticos. Para este propósito recomienda el uso inteligente de Internet.

La explosión del periodismo que fue lanzado casi simultáneamente en París, en Madrid y en La Habana, expone sorprendentes datos sobre las virtudes y los inconvenientes de la revolución digital. Esas fértiles reflexiones invitan a trasladar la pintura de ese sofisticado escenario a comunidades atrasadas, donde priman el analfabetismo, la carencia de electricidad y más aún los servidores de Internet. Esas desventajas, a mi modo de ver, han aumentado la brecha de desigualdades entre los segmentos de la población que tienen acceso al conocimiento y otros que por factores de pobreza o de indiferencia están marginados de ese privilegio.

Otra hazaña cumplida por Ignacio fue la larga entrevista de 100 horas que hizo a Fidel Castro, cuyo resultado no es una melosa hagiografía, sino más bien como se apoda el título de la obra, un Diálogo a dos voces, donde no están ausentes preguntas impertinentes que ninguna otra persona se hubiese atrevido a formular al Comandante.

Ignacio Ramonet dirige ahora, en París, junto a Bernard Hassan, una institución llamada Memoria de las luchas, inspirada en el pensamiento rebelde de ese formidable judío-alemán de nacimiento pero boliviano-cruceño de corazón que fue Günter Holzmann, quien alguna vez escribió: “Por nuestros combates de mañana, por un mundo más libre, más justo, más igualitario, más fraterno y solidario, nosotros debemos mantener viva la memoria de nuestras luchas...”.

Holzmann, que llegó a Bolivia con 20 dólares en el bolsillo, se hizo rico fomentando la industria maderera de Santa Cruz y, en vida, cedió parte de su fortuna precisamente a Le Monde Diplomatique, que cobija plumas que como la de Ramonet se baten incansablemente por forjar un planeta más humano, exento del egoísmo capitalista.

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