Columnistas

Los imprescindibles

Existen circunstancias extraordinarias que requieren de personas de las que no se puede prescindir

La Razón (Edición Impresa) / Sacha Llorenti Soliz

02:21 / 02 de marzo de 2016

La historia de los pueblos no es una sucesión natural de hechos irreversibles y determinados, es la suma de las condiciones materiales que son construidas fundamentalmente por las mayorías, pero también talladas por algunos individuos capaces de leer esas condiciones y encarnar sus aspiraciones. Sin lugar a dudas, los pueblos son los que conquistan derechos y transforman la realidad. Son ellos los protagonistas que intermitentemente salen en escena y reclaman lo que es suyo.

En la magnitud del océano, una gota puede aparecer perdida e invisible. Sin embargo, hay gotas que encumbran gigantescas olas que trastocan la geografía para siempre. Ese océano es el tiempo y la vida, esa gota puede ser un hombre o una mujer que dirige el curso de la gran ola que es su pueblo.

Los acontecimientos, salvo los de la naturaleza, son producto de las acciones y omisiones de los seres humanos. En los momentos decisivos, no todos saben leer las aspiraciones y voluntades de los pueblos, no todos están dispuestos a arriesgar el bienestar personal en beneficio del interés común.

Nadie podrá negar que Gandhi fue imprescindible para organizar la gran Marcha de la Sal y desalojar de la India al imperio británico. No existe duda alguna de que Martin Luther King Jr. fue imprescindible cuando organizó y dirigió la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. No es posible entender la revolución cubana sin la imprescindible dirección de Fidel Castro. Nadie se atreverá a negar que el sacrificio de Nelson Mandela y la lucidez de su liderazgo fueron imprescindibles para derrocar al régimen del apartheid en Sudáfrica.

Existen circunstancias extraordinarias que requieren de personas de las que no se puede prescindir. Se puede prescindir de todos hasta que llega el momento en que se deben tomar las decisiones difíciles y trascendentes, entonces y solo entonces surgen los imprescindibles. Bolivia y nuestra historia no son la excepción.

¿Quién tuvo la capacidad de tejer el complejo entramado social de identidades e intereses de nuestra diversidad? ¿Quién tuvo la necesaria valentía de nacionalizar nuestros recursos naturales y las empresas usurpadas? ¿Quién lideró la difícil construcción de la Constitución Política del Estado tan vilipendiada entonces y ahora tan defendida? ¿Quién tuvo la firmeza para resguardar y mantener la integridad territorial de Bolivia cuando se preparaba su división? ¿Quién nos sacó del estigma de la pobreza y el narcotráfico en el mundo? ¿Quién desmontó el modelo neoliberal y edificó la economía más próspera de la región? ¿Quién esculpió la demanda de nuestra causa marítima hasta llevarla al más alto tribunal del planeta?

La mezquindad y el cálculo político harán imposible que muchos reconozcan la épica de la última década en Bolivia, los obstáculos sorteados y los desafíos vencidos. Sin embargo, el tiempo acomoda las cosas, esclarece confusiones y endereza lo torcido. En ese sentido, es y será muy difícil intentar tapar con un dedo el sol de cambios que atraviesa Bolivia. No existe ni existirá duda de que hay una persona imprescindible para entender el proceso de transformaciones revolucionarias que vivimos: Evo Morales Ayma.

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