Columnistas

Entre inclusión y exclusión

Somos todos mestizos, pues nacimos bajo el mismo cielo, y no hay nadie que sea genéticamente puro

La Razón / Juan León

00:54 / 06 de enero de 2012

Fue difícil comenzar esta primera columna por lo mucho que quedó por decir del año pasado. De alguna manera, usos y costumbres condicionan nuestras acciones en el inicio de cada año a expresar deseos y proyectos. Igual que al cierre de gestión, cuando la tendencia es hacer un balance. Y, sin embargo, la vida sigue su marcha, sin solución de continuidad.

El asunto es que al margen de las fechas fatales del calendario, que no es nada más que creación del hombre para acomodar el tiempo a sus necesidades, lo que hagamos o digamos hoy, mañana tendrá consecuencias que serán buenas o malas, según la intencionalidad que las haya motivado.

De los dichos y hechos de estos días, independientemente de que hayan coincidido o no con el fin o el inicio de gestión, hay algunos que son preocupantes. Por ejemplo, la tendencia a profundizar una suerte de exclusión de gran parte de la ciudadanía, cuando se habla de “k’aras” al acecho de los errores de los “t’aras” para tomar el poder. A estas alturas, todos somos originarios de Bolivia, porque éste es nuestro país de origen. Nadie es químicamente puro de alguna de las 36 nacionalidades que reconoce la Constitución.

Por ejemplo, es sin duda positivo que por primera vez una mujer presida el Consejo de la Magistratura. Pero es importante reconocer que lo positivo de ese hecho no radica en que se trata de una mujer de pollera, manta y sombrero en la cabeza; lo fundamental es que muestra que la igualdad de género es una realidad. Es de esperar que ella haya llegado donde llegó porque tiene méritos personales y profesionales suficientes para garantizar que hará bien su trabajo. Si lo hace bien o mal no será seguramente por ser mujer o por su vestimenta.

Desde el principio de los siglos, el mal de siempre han sido las gentes (hombre, mujer o transexual) y no las leyes. El no robar, no mentir y no ser flojo está escrito en los mandamientos desde siempre en la historia de la humanidad, junto con otros principios fundamentales de la vida del ser humano en comunidad. Y, no obstante, hubo siempre ladrones, mentirosos, flojos y criminales, al margen del color de su piel, la lengua que hablen o cómo se vistan.

Somos todos mestizos porque nacimos bajo la misma bandera y las mismas leyes, y nadie puede considerarse químicamente puro. Todos tenemos los mismos derechos y obligaciones; éxitos y fracasos nos afectan a todos por igual y son mérito o error de todos. De gentes de corbata de seda en cuello blanco almidonado o de poncho y ojotas.

De lo contrario, estamos justificando la estupidez de los nazis que decían que unos nacieron para el mal y otros para el bien; y que hay que matar a los malos para que se acaben nuestros problemas y lleguen los tiempos del vivir bien.

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