Columnistas

Los indignados de Centroamérica

Una primavera del descontento ha emergido en Guatemala y Honduras y puede extenderse

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

01:43 / 03 de agosto de 2015

Si hay algo que parece contagioso en Centroamérica, más aún que el virus chikungunya, es la creciente indignación de los ciudadanos contra un mal gobierno. En varios países de la región, miles de personas salen a las calles con mensajes contra la corrupción y la impunidad, demandando la renuncia de sus principales autoridades.

Guatemala se ha visto sacudida por una ola de manifestaciones debido a las denuncias de corrupción que han llevado incluso a crear una comisión del Congreso para investigar al presidente del país, Otto Pérez Molina, por presuntos actos de corrupción. La indignación en las calles no ha parado desde que las autoridades desarticularon una red en la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) y otra en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), que conllevó la dimisión como vicepresidenta de Roxana Baldetti. Por los dos casos, las autoridades arrestaron hasta el momento a 44 personas, sin lograr aplacar los ánimos de los manifestantes. Por todo ello, durante los sábados por la tarde, miles de guatemaltecos se congregan frente al Palacio Nacional y, en un acto pacífico, exigen la renuncia del Presidente.

En paralelo, y solo un mes después, miles de personas se reúnen en las principales ciudades de Honduras y, en una convocatoria gestada desde las redes sociales, marchan con antorchas, banderas y pancartas para exigir la dimisión del presidente Juan Orlando Hernández. Estas movilizaciones no han parado sobre todo luego que una comisión legislativa confirmara que la campaña de Hernández a las elecciones presidenciales de 2013 fue financiada con fondos de un desfalco de aproximadamente $us 350 millones a la seguridad social. El esquema de desfalco implicaba la compra de medicamentos sobrevalorados e incluso defectuosos hasta niveles que una comisión multipartidaria del Congreso la calificó de criminales. En el escándalo del Seguro Social los detenidos están acusados de participar en una adjudicación irregular a una empresa privada que se encargaría del tratamiento de pacientes con insuficiencia renal y por el que algunos fallecieron.

Un estudio presentado hace dos semanas por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales calcula que el costo de la corrupción en Honduras asciende al 10% del PIB y consume las dos terceras partes de los ingresos fiscales del Estado.

Estas marchas, plantones y protestas se tratan, según varios analistas, del surgimiento de una masa crítica de ciudadanos —sobre todo jóvenes— que se mueve y coordina desde las redes sociales y salen a las calles expresando su cansancio, hastío social, hartazgo público y que se expresa con gran espontaneidad y autonomía. “El movimiento recorre todo el país con marchas diarias a las que acuden niños, mujeres, ancianos y tienen como símbolo una antorcha que no representa el fuego destructivo, sino inspiración, luz, claridad frente a la opacidad estatal”, sostiene el hondureño Víctor Mesa, director del Centro de Documentación de Honduras.

En Nicaragua ha surgido en los últimos días una ola de indignación social ante el ataque por los miembros de la Policía Nacional contra un vehículo particular en el que viajaba una familia que fue confundida con narcotraficantes, resultando asesinados dos niños y una joven. Desde el fin de semana surgió en las redes sociales una convocatoria abierta a la población para movilizarse en apoyo de la familia, generando varios plantones que exigen justicia. Así también, en El Salvador ya se siente algunas expresiones de contagio. Una primavera del descontento ha emergido en Guatemala y Honduras y puede extenderse a El Salvador y Nicaragua. Es indudable que vientos de cambio recorren Centroamérica.

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