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Al infinito y más allá

La posibilidad de vivir en un mundo donde el futuro es impredecible le da sentido a nuestra vida.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro F. Mercado

00:58 / 25 de marzo de 2017

El universo, o para expresarlo con mayor propiedad, el espacio-tiempo que se inició con el Big Bang hace aproximadamente 13.700 millones de años, es infinito en el sentido que lo concibió Giordano Bruno hace más de 400 años. Sin embargo, el mundo, para expresar el todo, es infinitamente más amplio que aquello que se imaginó el destacado astrólogo italiano. El mundo está compuesto por un infinito número de universos o, si se prefiere, por infinitos espacio-tiempo. Para decirlo de manera coloquial, en la famosa expresión de Buzz Lightyear: “Al infinito y más allá”.

De estos espacio-tiempo sabemos poco o, para ser honestos, no sabemos nada, apenas si sabemos de su existencia con base en nuestros modelos matemáticos. Lo cierto es que nuestro espacio-tiempo está regido por leyes físicas que abarcan a todo su infinito, son leyes válidas en Bolivia, Estados Unidos y Cuba; así como también son las mismas en la Tierra, en la Luna, en Saturno y en los quásares a más de 12.000 millones de años luz de nuestra pequeña morada. De lo que no tenemos idea es que si estas leyes que rigen nuestro espacio-tiempo se cumplen también en los otros universos paralelos. Si fuese así, sería excepcional, o en su defecto, también. De cualquier manera, nuestra ilusión metafísica es que no sea así.

Pues bien, si todo nuestro universo está regido por ciertas leyes, aunque la mayor parte de ellas todavía no las conocemos, esto supondría que toda la evolución, incluso nuestra propia vida, estaría determinada y poco o nada podemos hacer para cambiar el futuro. La frase de Albert Einstein: “Dios no juega a los dados” sería una especie de colofón de nuestra existencia.

Un mundo compuesto por infinito número de universos, donde todo esté predeterminado, sería un mundo sombrío y aburrido. Incluso si solamente nuestro espacio-tiempo estuviese determinado sería, ciertamente, algo muy poco alentador. Sin embargo, para suerte nuestra y para sentirnos como hacedores del futuro, dueños de nuestro destino y responsables de nuestras decisiones, está el principio de indeterminación.

Este principio de aleatoriedad, que se lo debemos a las investigaciones de Heisenberg, nos dice que no es posible medir con exactitud el estado de un sistema, así como tampoco es posible saber con exactitud cómo se comportará éste en el futuro; que a lo más que podemos aspirar es a establecer un cuadro de probabilidades respecto a diferentes resultados o conductas futuras. De allí que la posibilidad de vivir en un mundo donde el futuro es impredecible es, ciertamente, lo que da sentido a nuestra vida.

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