Columnistas

Contra la ‘infoxicación’

Una forma para evitar ‘infoxicarnos’ y dar batalla a la posverdad podría ser informarnos menos pero mejor.

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Rocha Fuentes

07:02 / 22 de junio de 2018

Las nuevas características que han empapado las dinámicas informativas y comunicacionales en estos tiempos digitales son variadas. Ya se han escrito enciclopedias sobre los cambios que atraviesa la comunicación actualmente. Y no es para menos, lo que en términos de flujo informativo ocurre cotidianamente se modifica cada minuto, y poco a poco surgen nuevos marcos generales sobre los cuáles se elaboran, emiten, difunden y reciben los mensajes.

Raúl Trejo, un mexicano estudioso de temas de comunicación y política, establece que los mensajes que actualmente circulan por las redes socio-digitales atraviesan necesariamente por cinco etapas. Estas etapas, fácilmente identificables en nuestra propia experiencia comunicacional digital, son simplificación, estandarización, segmentación, propagación y trivialización.

Simplificación en tanto reducción de la magnitud y pérdida del contexto que debiera contener todo mensaje, más si es noticioso. Esto significa que independientemente de la magnitud de un hecho (que de por sí debiera ser relevante para ocupar un espacio en un medio de información serio), su transmisión al espacio público requiere ajustarse a un determinado formato/tamaño; es decir que debe ser simplificado a unas cuantas palabras, que no pueden abarcar en su totalidad el contexto, los antecedentes u otros datos relevantes.

La estandarización hace referencia a la pérdida de los criterios de jerarquía y relevancia informativa que aplican los medios serios incluso para determinar cuál hecho noticioso va en portada (u otro espacio). También como esa “tendencia a la homologación” hacia patrones informativos y comunicacionales que crean tendencia (memecracia, le dicen), y que hoy la comunicación política (devenida en una industria) comercia al mejor postor. Esto confirma la premisa de que “una vez que las noticias circulan, después de poco tiempo todas se parecen”, en palabras de Trejo.  

La segmentación de los mensajes promueve una mayor fragmentación del pensamiento de quien los recibe, para su posterior reconstrucción con base en algoritmos que suponen el reforzamiento continúo de nuestras propias creencias y que ahora nos ofrecen el menú de la realidad acomodada a cómo ya la concebimos construida por pedacitos de un mundo simplificado.

La propagación es entendida como el cambio paradigmático que nos plantea a los usuarios de redes sociodigitales como “prosumidores” (productores y consumidores) de información, con base en nuestra agenda personal (creencias, intereses, posiciones) que no necesariamente reflejan un interés común.

Finalmente, la trivialización hace referencia al hecho de que los contenidos triviales reinan en las redes sociodigitales, y como consecuencia de ello, la estandarización de los contenidos relevantes tienden precisamente hacia la trivialización.

Por supuesto que todas estas etapas por las que transcurre la información en redes tienen sus matices y no son absolutas, pero ciertamente reflejan varias tendencias que nos permiten mirar lo que llega a nuestros dispositivos con mayor escepticismo y mejor criterio. Una forma para evitar “infoxicarnos” y dar batalla a los escenarios de posverdad que cada vez más comunes podría ser informarnos menos pero mejor; callar y dudar más. No todos los temas están hechos para que opinemos todos. Las enfermedades sociales del nuevo tiempo, a no dudarlo, serán informativas y comunicacionales.

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