Columnistas

El instrumento de la consulta

Lo que deberíamos estar discutiendo es que ningún gobierno manipule las consultas de los pueblos

La Razón / Julieta Paredes Carvajal

01:02 / 06 de julio de 2012

Nuestras hermanas y hermanos del TIPNIS nos conmueven, cuestionan y convocan a profundizar las reflexiones sobre los contenidos del proceso de cambio. Las marchas de los pueblos de la Amazonía tienen esa virtud, son hermanas y hermanos tan diferentes a nosotras las aymaras, que ejercitan la interculturalidad, palabra que tiende a convertirse, si no tenemos cuidado, en una muletilla para adornar discursos.

La VIII marcha, la disputa ética y política sobre el territorio del TIPNIS sacudieron mis conceptos sobre la necesidad de articular el país con carreteras, la intangibilidad, el capitalismo y la economía verde, el extractivismo, la autonomía y la propiedad privada colectiva, frente a las y los sin tierra. En fin, muchos temas que sacudieron mis pensamientos y me llevaron a tener apasionadas discusiones con mis compañeras, y peleas con quienes aprovecharon la oportunidad para convertirse en ambientalistas y defensores de los pueblos originarios, cuando fueron ellos quienes organizaron las humillaciones y golpes a indígenas en Santa Cruz, Sucre, Pando y Tarija. Para tal cinismo tuvieron que levantar la vieja arma del maniqueísmo, calificar a unos como indígenas buenos y a otros como malos.

Respecto a estas supuestas diferencias, deseo señalar que las indígenas no somos buenas porque adoramos a la Pachamama, cuidamos a los monitos y a los pajaritos; ni tampoco somos profundamente malas, capaces de matar perritos y criar lagartos para negociar con sus pieles en turismos de aventura. Nuestra manera de pensar no es bipolar y excluyente, como la lógica binaria occidental. Aquí quiero pedir perdón por los chicotazos que hermanos aymaras, como yo, les dieron a las y los del TIPNIS. No estoy de acuerdo con esas actitudes entre hermanos.

A la Colonia, aymaras y quechuas les servíamos por nuestra estructura social, capaz de crear excedentes, y que aprovecharon para explotarnos con las mitas en las minas, los obrajes y las haciendas. La manera de colonizar a los guaraníes, tacanas, chimanes y demás pueblos amazónicos fue otra. Se usó a la Iglesia para dominarlos, pues no producían excedentes codiciados por los invasores coloniales (esto aprendí de Carmencita).

Todo esto para decir que la IX marcha me produjo dolor y angustia. ¡Cómo vamos a marchar en contra de la consulta! La consulta es un instrumento para nuestros pueblos, puede ser previa o posterior, el tiempo no es lineal. En todo caso debe ser vinculante, o sea que decida y no solo sea un teatrito. Lo que deberíamos estar discutiendo es que ningún gobierno manipule las consultas de los pueblos, los plazos para informar, el cómo reflexionar y analizar para tomar decisiones responsables con las wawas y la naturaleza, cómo no hacer de la consulta una campaña proselitista, escoger cuáles serían las mejores palabras para las preguntas, cómo organizar la consulta. Pero de ninguna manera esta marcha debe ser reprimida. En fin, emprender un camino de recuperación de las decisiones sobre los territorios ancestrales. Éstas son tareas del proceso de cambio.

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