Columnistas

La intervención no es la solución

Una intervención ayudaría al régimen de Al Assad y agregaría más leña a un incendio descontrolado

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

03:20 / 24 de enero de 2015

Los ataques terroristas en París a principios de enero no solamente fueron salvajes, sino también alarmantes y llevaron a que muchos se preguntasen qué podría hacerse para prevenir este tipo de terrorismo en el futuro. Hay un hombre que tiene una clara respuesta. “Ese ataque que vieron en París podría repetirse en Estados Unidos”, dijo el Senador John McCain a The New York Times. Al ampliar acerca de cómo hacer para que esto no suceda, explicó a dicho periódico así como a la CNN que requeriría una estrategia militar estadounidense más agresiva en todo  Oriente Medio con tropas de infantería y una zona de exclusión aérea en Siria, así como una mayor cantidad de tropas en Irak y Afganistán. Esta teoría fue en ocasiones descrita durante la guerra en Irak de la siguiente manera: “luchamos contra ellos allí para no tener que pelear con ellos aquí”. En ese entonces, aquella hipótesis era errónea y ahora también lo es.

Otros políticos y comentaristas han notado que varios yihadistas tienen conexiones con las nuevas tierras conflictivas en Oriente Medio, en lugares tales como Yemen y Siria, en donde el orden ha colapsado, la lucha civil está desenfrenada y los grupos terroristas islámicos han marcado con estacas refugios seguros. Éste es el “retroceso” del caos en Siria. La idea de que si anteriormente Washington se hubiese involucrado más allí hoy estaríamos más seguros se ha convertido en una sabiduría convencional.

Sin embargo, ¿qué dicen los propios yihadistas? La CNN informa que en una declaración judicial en 2007 Cherif Kouachi, uno de los terroristas de París, reveló el origen de su radicalización. “Estaba preparado para ir y morir en la batalla... Tuve esta idea cuando observé las injusticias que se mostraban en la televisión acerca de lo que estaba sucediendo allí (en Irak). Me refiero a la tortura que los estadounidenses han impuesto sobre los iraquíes”. Así que en el caso del terrorista de París, fue la intervención estadounidense en Oriente Medio lo que lo impulsó a convertirse en un yihadista. No obstante, hay gente que aún piensa que una mayor intervención hubiese tenido, de alguna manera, el efecto opuesto.

Los expertos Robert Pape y James Feldman han analizado cada uno de los más de 2.100 casos documentados de bombardeos suicidas desde 1980 hasta el 2009, y concluyeron que la gran mayoría de los responsables actuaron en respuesta a la intervención estadounidense en Oriente Medio antes que debido a una motivación religiosa o ideológica. En el libro Cutting the Fuse (Cortar el fusible), los autores señalan que los ataques más grandes en naciones occidentales luego del 11/9, los bombardeos en Madrid y Londres, fueron “específicamente inspirados por la invasión en Irak” (Max Boot posee una inteligente crítica del libro en The Weekly Standard).

En un informe bien documentado de Brookings acerca de la amenaza terrorista de combatientes extranjeros en Siria e Irak, Daniel Byman y Jeremy Shapiro examinan todas las razones conocidas para que estos yihadistas se involucren. Las razones varían desde un sentido por la aventura a un radicalismo religioso, pero luchar contra una intervención (occidental) extranjera se encuentra generalmente en la cabeza de la lista.

Los autores señalan que la excepción es Siria, en donde el atractivo parece ser más sectario y en donde la facilidad de viajar al y desde el país podría ayudar a explicar los grandes números de combatientes extranjeros. Sin embargo, si Estados Unidos se involucrasen profundamente allí, indudablemente provocaría aún más y atraería a un mayor número de combatientes extranjeros, los cuales sentirían que podrían ir y pelear contra la gran superpotencia y no solamente contra el régimen de Bashar al Assad. Ésta es la causa por la cual el Estado Islámico ataca a Estados Unidos. Desea la atención global que proviene de luchar contra “el gran Satán”.

Adicionalmente, no se puede ignorar la realidad embarazosa de que si la meta es intervenir en Siria para destruir las fuerzas yihadistas, esto posiciona a Estados Unidos directamente en el mismo campo que Al Assad. Sería bueno si una intervención estadounidense pudiese identificar a los sirios moderados, asegurar que derroten a islamistas radicales (más fuertes), luego vencer al Ejército de Al Assad (más poderoso) y después estabilizar y gobernar Siria. Sin embargo, es más probable que una intervención contribuiría más al régimen sirio y agregaría más leña a un incendio descontrolado.

Repasemos el historial. Se dice que la  no intervención estadounidense en Bosnia a comienzos de los años noventa engendró el radicalismo islámico, tal como lo hicieron las intervenciones en Irak y Afganistán a principios del 2000; la asociación con el Ejército de Pakistán, los ataques de aviones en Pakistán y Yemen, el incremento militar en Afganistán y también el retiro de las tropas de ese país. Se dice que cuando Estados Unidos interviene, provocan a los terroristas; y cuando no lo hace, se dice que Washington es débil. Sin importar la performance de Estados Unidos, el fundamentalismo islámico ha aumentado a lo largo de las dos últimas décadas, a menudo dirigido contra Estados Unidos y sus aliados occidentales y siempre encuentra a unos pocos jóvenes alienados que actúan para su perversa ideología.

Sostener que la única manera de frenar el terrorismo en casa es que Estados Unidos intervenga militarmente y estabilice los diversos lugares de Oriente Medio que se encuentran en conflicto equivale a destinar a Washington a una misión inútil durante décadas. El experto Andrew Bacevich ha destacado que, anteriormente a Siria, el Gobierno norteamericano ya había puesto en marcha intervenciones en 13 países musulmanes desde 1980. ¿Acaso una más lo logrará?

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia