Columnistas

Los invitados

El pragmatismo se ha convertido en el sentido común que envuelve el ‘proceso de cambio’

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Komadina Rimassa

00:02 / 03 de septiembre de 2014

Las listas de candidatos presentadas por el partido de gobierno revelan una estrategia electoral de dos velocidades. Por una parte, constatamos la presencia de representantes de poderosas corporaciones (cooperativistas mineros, transportistas, sindicatos campesinos y trabajadores afiliados a la Central Obrera Boliviana) que no solo tienen grandes capacidades de movilización social, sino también un gran potencial electoral. Estos candidatos han sido elegidos previamente por sus organizaciones y “cargan” con un mandato explícito para lograr beneficios sectoriales.

Por otra parte, en las ciudades capitales encontramos en las listas del MAS un número importante de candidatos “invitados”, figuras y figurillas del mundo político, empresarial, mediático, universitario o artístico. No hace mucho, algunos de ellos fueron altos dirigentes de los partidos de derecha como ADN y NFR, pero ese detalle no parece relevante, lo importante es la eficacia electoral, los resultados. La invitación tiene un objetivo pragmático: el candidato debe “arrastrar” a las clases medias en las ciudades, es decir, los votos de los ciudadanos que no forman parte de las corporaciones. Se supone que los “invitados” constituyen una ligazón entre las ciudades y el campo, dada la ausencia de estructuras partidarias consolidadas.

Hay un problema: la resistencia natural por parte de las organizaciones campesinas y de los militantes de vieja data, que desconfían del “librepensador” citadino y lo consideran como un “infiltrado”. Algunos militantes del MAS me han confesado su decepción por estas designaciones y aseguran que serán la fuente de muchas peleas internas. ¿Votarán ellos por los “invitados”? De hecho, las frecuentes pugnas entre ambos tipos de representantes han deslucido la calidad de la gestión parlamentaria. 

Lo paradójico es que en uno de los ampliados nacionales del MAS, realizado en Oruro en 2013, se resolvió abolir la figura de los invitados porque no eran garantía para la continuidad del proceso. Se dijo entonces que para las elecciones de 2014 solo los militantes registrados estarían habilitados para ser candidatos, e incluso se modificó el estatuto orgánico, prohibiendo esas candidaturas. Concepción Ortiz, vicepresidenta del MAS, declaró en esos días que “para ser diputado o senador, el candidato tiene que cumplir ciertos requisitos, por ejemplo, que tenga vida orgánica, vida política en el IPSP para que sea un candidato comprometido, con ideología, con principio, con lealtad al instrumento político”. ¿En qué quedamos?

Para cerrar este artículo, se me ocurren dos conclusiones rápidas: una, la democracia interna no funciona en el partido gobernante porque está hipotecada al “decisionismo” y a las urgencias electorales; dos, el pragmatismo se ha convertido en el sentido común que envuelve el “proceso de cambio”. 

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