Columnistas

El jesuita Pacho de Roux en Cochabamba

Lo que está en juego es un ámbito ante todo ético-espiritual  que los políticos solos no pueden llenar.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 29 de enero de 2017

El jesuita colombiano Pacho de Roux (PDR) fue director del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), una especie de CIPCA en Colombia; provincial mayor (superior) de los sacerdotes jesuitas en el país cafetalero; y desde ambos cargos, miembro insigne del grupo en pro de la paz y uno de los principales propulsores por la paz en Colombia en la actualidad (en Los Tiempos se pude leer el resumen que hice acerca de lo que Pacho de Roux dijo en Cochabamba el 16 de enero).

De Roux está convencido de ya no cabe hacer marcha atrás en el proceso de paz de Colombia, gane quien gane en las elecciones de 2018. Probablemente gane un personaje de transición. No serán ni las FARC ni el ELN, aunque estas dos fuerzas ya participarán con otros nombres, ambas con cinco senadores y cinco diputados por cada bando nombrados a dedo; y probablemente en alianza con otros grupos de izquierda. Pacho de Roux rechaza con voz firme la idea de que esto es hacerle el juego al “castro chavismo”. Los únicos que pueden proponer tal cosa son los “amigos de la guerra” en un país que ya lleva 52 años y 8 millones de víctimas (sobre una población total de 44 millones) en esa guerra de baja intensidad pero alto costo en vidas.

Según De Roux, Álvaro Uribe se unirá a ese grupo nuevo recién pasadas las elecciones de 2018, al margen de quién las gane. Pero no antes, porque sería su desaparición política. Uribe está también por la paz, pero de momento piensa que solo él tiene la fórmula mágica para concretarla, aunque hasta ahora no ha funcionado y que, según él, debe pasar por incluir a todos en la justicia penal vigente en el país desde hace muchos años. En el referendo solo concurrió el 35% de la población convocada. Pero no sabemos cuántos no acudieron por no importarles y cuántos por temor.

Por el camino habrá que quitar de en medio varios fantasmas, como el de las “bacrims” (o bandas criminales) en que podrían transformarse los grupos guerrilleros vinculados al narcotráfico y que ya no tendrían razón de ser. Dice PDR: “Nosotros esperamos que esos grupos, por la disciplina de las FARC y la ideología del ELN, no lleguen al 15%. Precisamente para ello se ha decidido no disminuir el Ejército ahora que éste ya no tendrá como su enemigo principal a la guerrilla. Para ello estará también la Justicia “transicional”, distinta de la justicia penal ordinaria. En Colombia no hay grandes fincas, ni mansiones, ni cuentas personales de los líderes de las guerrillas en ninguna parte, Pero sí un flujo de caja muy fuerte, que sirve para financiar esas transacciones. Lo que está en juego es un ámbito ante todo ético-espiritual de valores que los políticos solos no pueden llenar. Se juegan valores demasiado grandes como la convivencia, la vida, la capacidad de entenderse entre los tan  distintos...

El proceso de Colombia ha tenido muy buen apoyo de los países y ha ganado una muy fuerte acogida internacional. “A mí me ha tocado vivir con embajadores y presidentes de (...) países tan distintos como el boliviano Evo Morales, el venezolano Nicolás Maduro y el norteamericano/afroamericano Barack Obama; la presidencia de la Unión Europea, la de Asia y la de África; y, por supuesto, he contado con el gran apoyo del Vaticano y del papa Francisco, quien en La Habana dijo que 'no podemos permitir que el proceso de Colombia que ya ha costado tantas víctimas vuelva a fracasar; esperamos que tanta sangre derramada permita que el Señor nos dé luces para encontrar la paz definitiva’”, recuerda con emoción PDR. Hasta del nuevo Premio Nobel de la Paz (el actual presidente Santos) recibió un refrescante apoyo mundial. No ha sido algo solo pasajero...

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