Columnistas

Los jesuitas

Desde esta columna le damos la bienvenida a Bolivia al padre Adolfo Nicolás, de la Compañía de Jesús

La Razón / José Gramunt de Moragas

00:41 / 31 de octubre de 2012

El superior general de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, la congregación religiosa con mayor número de miembros en el mundo, visitará Bolivia en los próximos días. Su trabajo será intenso dado que la consigna de la Compañía de Jesús (Societatis Jesus) alcanza ámbitos de tanta importancia y premiosa urgencia como la difusión de la fe y la implantación de la Justicia, para cuyas misiones se necesitan hombres esforzados, a imitación de su fundador, San Ignacio de Loyola. Perseguidos por unos y bienvenidos por otros.

El sacerdote Nicolás es el trigésimo superior de ese grupo de hombres llamados jesuitas. Excelente “apodo” el de jesuita, en cuanto se arraiga en el nombre de Jesús. No por vanidad —que sería estúpido— sino por simple información de la realidad, la lista de obras e instituciones que la Compañía de Jesús lleva adelante en Bolivia no cabría en esta página.

Pero la cuestión no está en el número sino en la eficiencia evangélica y en su calidad humana. A esto último viene el superior general de los jesuitas. A reactualizar el espíritu primigenio si es que alguna grieta se hubiese producido. A estimular el esfuerzo de todos en servir a la Iglesia y a los pobres y desvalidos. A infundir alientos nuevos a los fatigados por la dureza del camino recorrido, a los incomprendidos por un entorno que no entiende otro lenguaje que el del poder, el dinero y el exitismo. Y no sólo esto, porque lo normal es que cada una de la obras de la Compañía de Jesús cuenta con la generosa aportación de laicos empeñados en la misión.

Al escribir la palabra, misión, de esta orden religiosa, hago una referencia particular a las llamadas “reducciones jesuíticas” del oriente boliviano. Aquellos establecimientos misionales fueron los primeros que sembraron la fe en el oriente. Después de que los jesuitas fueran expulsados, y luego retornados, y una vez que fueron restaurados los pueblos y sus templos, en este momento se conservan florecientes núcleos de actividades de todas clases. Allí se mantienen los usos y costumbres de los pueblos originarios, el amor y el cuidado de la naturaleza. Estas misiones son un baluarte frente a la depredación ecológica y a la invasión de intereses bastardos.

Respondiendo al llamado de su Santidad el Papa, que anuncia el Año de la Fe, tengo la seguridad de que la visita del P. Alfonso Nicolás a Bolivia será como una avanzadilla para reemprender la gran aventura que la voluntad divina le impuso en la Historia. Desde esta columna periodística, que lleva medio siglo publicándose, le damos la bienvenida al P. Adolfo Nicolás, de la Compañía de Jesús.

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