Columnistas

¿Qué se juega el 21 de febrero?

El referéndum constitucional será clave para la reconfiguración política del país

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

01:08 / 26 de enero de 2016

Un clima de tenaz lucha se avivó hace unos días con la apertura de la propaganda política con miras al referéndum constitucional del 21 de febrero, que pondrá en juego intereses políticos bien remarcados: la continuidad del proceso político o la irrupción de un nuevo liderazgo en el país emergente de las minorías políticas de la actualidad.

En medio de previas divergencias serias de parte de las fuerzas políticas, la Asamblea Legislativa Plurinacional y, en consecuencia, el Tribunal Constitucional Plurinacional abrieron la posibilidad de modificar la Constitución Política del Estado con miras a una eventual repostulación de Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera en 2019, cuando el Movimiento Al Socialismo (MAS) esté a punto de terminar 14 años al frente del Gobierno.

El escenario, comparable al debate durante la Asamblea Constituyente entre 2006 y 2008, ha vuelto a dividir al país, aunque todavía con proporciones favorables al oficialismo. Por un lado, el MAS y sus organizaciones aliadas, y por otro, una oposición dispersa que nunca terminó de siquiera acercarse ante una estrategia para contrarrestar los afanes de la mayoría política de ahora.

Es Morales ante Rubén Costas, Luis Revilla, Samuel Doria Medina y, también, Félix Patzi, que anoche se declaró como el primer candidato presidencial en un programa de debate electoral, Uno decide, de la red Uno, digno de haberlo seguido.

De modificarse la Constitución, serán ellos los protagonistas de 2019, salvo que —como siempre pasa en este tipo de disputas— aparezcan otros postulantes aventureros que se mezclarán entre quienes construyen su candidatura con años de anticipación y con tanta perseverancia. El caso de Jorge Quiroga es especial, sin intenciones claras y con una voz coincidente respecto de Costas, Revilla, Doria Medina y Patzi.

Con esa tipificación, los intereses son claros: quieren llegar al poder. El oficialismo, respaldado por los movimientos sociales (dizque al influjo de ellos), ha roto su palabra de no repostular a Morales y a García Linera más allá de 2014. La oposición, en un discurso poco creíble, reclama “alternancia” en medio de un panorama todavía adverso para sus pretensiones, aunque animado por la irrupción de fuerzas conservadoras en Argentina y Venezuela.

Hay que ser sensatos. Si bien el MAS optó por buscar la repostulación de Morales y García Linera por vía legal, ha arriesgado su legitimidad y, quizás, su capital político. En contrapartida, la oposición pretende evitar la continuidad que el MAS busca, porque —de ganar el Sí el 21— se habrá frustrado sus propósitos de ganarse espacios en el poder político.

El inminente referéndum constitucional será clave para la reconfiguración política del país o la reafirmación del actual sistema de fuerzas de mayoría y minoría. Unos tienen ventaja, tienen aparato y gestión que mostrar, y otros tienen que lidiar entre su incapacidad de unirse, pese a varios intentos, y mostrar una propuesta convincente más allá de la descalificación de sus contendores.

Parece un menosprecio al elector el que hacen los bandos del Sí y del No. Los bolivianos tienen la capacidad de discernir entre lo que es bueno y es malo. En el referéndum dirán hasta qué punto es posible prolongar o acortar el “proceso de cambio” que encarna el MAS y también hasta qué punto la oposición tiene condiciones de asumir por sí sola la “alternancia”.

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