Columnistas

17 de julio y los deberes de la memoria

Los mandos militares quedaron intactos, con las manos libres para realizar acciones terroristas.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Soria Galvarro

09:18 / 15 de julio de 2018

Suele decirse que “recordar es vivir”; pero hay fechas que uno no quisiera recordar, en el sentido de volverlas a vivir. Una de ellas es el 17 de julio de 1980. La chispa activada por las mujeres mineras con su huelga de hambre en el vértice de 1977-1978 desató la movilización social imparable. De ahí en más la dictadura de Hugo Banzer Suárez se desmoronó y la brecha democrática se abrió paso. Los últimos presos políticos salían en libertad, retornaban los exilados y expatriados, y los topos que actuábamos en la clandestinidad empezamos a mostrarnos a la luz del día.

El gigantesco fraude montado para las elecciones no les sirvió de nada, tuvieron que anularlas. Banzer fue reemplazado por Juan Pereda Asbún (el candidato beneficiario del fraude). Y a su vez éste fue sustituido por David Padilla Arancibia (comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas), quien convocó a nuevas elecciones para 1979.

En este segundo intento triunfó la coalición de la Unidad Democrática y Popular (UDP), liderizada por Hernán Siles Zuazo, pero seguida muy de cerca por otra alianza encabezada por Víctor Paz Estenssoro, frente a frente dos líderes históricos del 9 de abril de 1952. El Parlamento resultó “empantanado” y no pudo elegir al nuevo presidente. Designó como mandatario provisorio a Wálter Guevara Arze, presidente del Senado. Antes de cumplir los tres meses en el cargo, militares y civiles golpistas lo echaron en medio de una horrenda masacre, pero apenas duraron dos semanas en el Gobierno.

Hubo entonces un nuevo interinato, encabezado por la presidenta de la Cámara de Diputados, Lidia Gueiler Tejada. Sin embargo, los mandos militares quedaron intactos, con las manos libres para realizar acciones terroristas como el secuestro, tortura y asesinato del sacerdote periodista Luis Espinal. En respuesta a este crimen, las organizaciones sociales encabezadas por la Central Obrera Boliviana (COB) y todos los partidos políticos, excepto el de Banzer claro, formaron el Consejo de Defensa de la Democracia (Conade). Pero continuaron los atentados desestabilizadores, la mesa estaba servida para una nueva asonada. Y ésta llegó el fatídico 17 de julio de 1980.

Fue un golpe de Estado preparado con asesoramiento argentino como ejercicio de aula en una unidad académica castrense en la ciudad de Cochabamba. El alzamiento de la guarnición de Trinidad era el anzuelo para capturar en pleno a la mayor parte de la dirigencia del Conade. Juan Lechín dio a conocer el comunicado en el que se llamaba a resistir el golpe con una huelga general indefinida y el bloqueo de caminos. Cuando, a pedido de Canal 7, Simón Reyes hacía una segunda lectura, se inició la balacera en el rodeado edificio de la Federación de Mineros, donde funcionaba la COB. Todos bajábamos manos en alto por las gradas, cuando los atacantes reconocieron a Marcelo Quiroga Santa Cruz y trataron de sacarlo, él forcejeó intentando volver a la fila, y en ese momento dispararon una ráfaga que lo alcanzó y alcanzó también a Carlos Flores Bedregal, diputado udepista. La columna tuvo que pasar por encima de los dos cuerpos derribados para seguir bajando. Después supimos que Gualberto Vega Yapura, miembro de la Federación de Mineros, había sido asesinado en la parte trasera del edificio.

Sobre la avenida 16 de Julio, dirigentes políticos, sindicalistas y periodistas fuimos subidos a las ambulancias y conducidos a la ciudadela militar de Miraflores, desde donde Luis Arce Gómez en persona comandaba las acciones, secundado por grupos paramilitares y personal argentino. Ahí empieza otra parte de esta historia.

Por más doloroso que resulte recordar estos hechos, han sido relatados muchísimas veces a familiares, alumnos universitarios, amigos, colegas y también a la Corte Suprema de Justicia como testigo de cargo. Además, cumpliendo lo que consideramos deberes de la memoria, escribimos una trilogía de narraciones bajo el título genérico de 1980. Para estar a tono con los tiempos, este material circula impreso y también en formato digital. Invitados a ver el blog: carlossoriag.com.

Es periodista.

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