Columnistas

Los ‘jurásicos’

La repetición a pie juntillas de los viejos textos decimonónicos es una práctica litúrgica en pleno siglo XXI

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

02:43 / 06 de junio de 2014

Algunos “liberales” han dado en calificar de “jurásicos” a algunos gobiernos populares que han surgido en América Latina en las dos últimas décadas, asociándolos al “pensamiento único”, al stalinismo y a los atropellos del gulag soviético o las masacres del Pol Pot en Camboya. Luego de la crítica asumen claramente la reivindicación del liberalismo, al que revisten de un falso como forzado humanismo. No dicen, sin embargo, que el liberalismo fracasó durante 200 años en el continente y que estos gobiernos a los que llaman peyorativamente “populistas” por primera vez han logrado sacar de su condición de pobreza a la mitad de la población, según reconoce el propio Banco Mundial.

Estos “intelectuales” que al parecer leen más a Oppenheimer que al propio Popper, no dudan en plantear que cualquier alternativa política o económica que se orienta a ampliar las bases de la democracia es una expresión de totalitarismo, y si no concuerdan con los viejos dogmas sobre la propiedad impuestos por Hobbes o Locke, deben ser considerados contrarios a la libertad. El cuestionamiento a respuestas globales o a proyectos ideológicos en paquete fue una de las primeras expresiones del posmodernismo, y (en su primera fase) se cuestionó el marxismo, el fascismo y con menor dureza al liberalismo. Pasado el escepticismo inicial, la mayoría de los posmodernos han vuelto al redil liberal, al de hace 350 años, el mismo que justificó la colonización de cuatro continentes, el mismo que legitimó la esclavitud y que a título de la libertad subyugó al planeta.

Desde el arsenal “liberal” se cuestiona el fracaso del “socialismo”, reduciendo esta experiencia al modelo soviético o norcoreano, haciendo aparecer al socialismo como expresión de ideas arcaicas, generalizando algunas de sus expresiones degeneradas como cualidad general de esta corriente política. Es cierto que el stalinismo tuvo rasgos inhumanos, aunque nunca tan inhumano como el esclavismo inglés y norteamericano que bajo la égida del liberalismo se implantó en el planeta.

Resulta raro escuchar hablar de las bondades del liberalismo en un mundo en el cual la principal causa de muerte es justamente a causa del mismo, y resulta hasta gracioso escuchar hablar de derechos humanos a nombre del liberalismo, cuando bajo dichas banderas se han invadido decenas de países y provocado millones de muertes.

Las múltiples alternativas que surgen desde el sur han tratado de incorporar creativamente los logros  del liberalismo (que también los tiene) con los logros del socialismo, superando los límites de ambos modelos. Obviamente para los ortodoxos liberales, nada que quebrante el dogma tricentenario tiene validez. La repetición a pie juntillas de los viejos textos decimonónicos es una práctica litúrgica en pleno siglo XXI.

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