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Al karaoke en ambulancia
Muchos municipios no implementaron las obras que necesita la población, y no por falta de dinero
La Razón / José Gramunt de Moragas
00:00 / 05 de febrero de 2012
Cuando la realidad nacional y local necesitan con urgencia que se lleven a cabo tantas obras en beneficio de la población, para que vivan como corresponde en estos tiempos, resulta que muchas entidades públicas no llegaron a cumplir ni con la mitad del presupuesto anual de 2011 que tenían previsto. Y no por falta de dinero, sino por incapacidad, por incuria administrativa y, quién sabe si en algún caso por desviación de fondos públicos a faltriqueras privadas.
El propio Sr. Presidente se lamenta de tales deficiencias pues, por ese camino, difícilmente se alcanzarán las metas de la consigna “Evo cumple”, ni la más elemental, que es la de “vivir bien”. Esta deficiente administración se nota más en los pequeños municipios. Probablemente porque sus autoridades no llegan a manejar los números con la debida facilidad. Este debe ser uno de los motivos porque Don Evo Morales anunció un gran encuentro de autoridades municipales en la próxima semana.
Sea lo que fuere, conviene recordar que el municipio es el núcleo primario de la organización político administrativa del Estado nacional. Es un Estado en pequeño, de grandes, medianas y pequeñas dimensiones. Un municipio cumple con las tres condiciones fundamentales de un Estado: territorio, población y autoridad.
En efecto, un municipio radica en un espacio territorial determinado, y el “término municipal”, que en muchos casos no fue oportunamente delimitado, provoca muchos conflictos de jurisdicción y de recaudación que deberían haberse previsto hace tiempo. El municipio reúne a una población, nativa o sobrevenida, permanente o pasajera, que se junta por el instinto humano de sociabilidad, y porque la colectividad municipal facilita los servicios básicos, las actividades culturales, económicas, de salud, de ocio y otras de común provecho. Por último, una comunidad o un municipio están regidos por una autoridad colegiada local (digo “colegiada” porque presupongo una organización democrática de la ciudad, con su alcalde elegido por los concejales y, éstos últimos, también elegidos libremente por los vecinos). Dicha autoridad colegiada es la encargada de prevenir, coordinar y realizar las justas aspiraciones del vecindario. Cuenta con sus propios estatutos y “ordena y manda” por medio de ordenanzas y otros instrumentos legales.
Pues bien, visto este panorama, el Señor Presidente ha lamentado que ciertos municipios hagan mal uso de los recursos asignados, hasta el punto de “irse de karaoke” en la ambulancia destinada al servicio de salud. Esta falta intolerable y punible me lleva a abusar de mi amistad con el experimentado cineasta Antonio Eguino y con el versátil humorista David Santalla para “venderles” la idea de una nueva película, que se inscribiría en el realismo mágico boliviano y cuyo guión describiría a unos munícipes, con bata blanca, barbijo y estetoscopio colgado al cuello, manejando una zigzagueante ambulancia y entonando a coro y con voz aguardentosa canciones de amor y de guerra. Así, pues, pido que se castigue a los ediles mencionados y me ilusiono con la idea de que nuestros hombres de cine hagan la película.