Columnistas

Los laberintos de la fe

La palabra islam se traduce como sumisión en cuerpo y alma a la voluntad de Dios, Alá en árabe.

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Arandia

00:00 / 11 de enero de 2015

En 1487, bajo el título de Manual Científico de Brujas apareció en Estrasburgo el primer tratado con instrucciones para eliminar a estas personas, generalmente mujeres, que supuestamente tenían vínculos con el diablo. Sus autores, Jacob Sprenger y Heinrich Institoris, consideraban que, por su inferioridad fisiológica, las brujas eran presa fácil de los cantos seductores de los demonios. Debemos recordar que estas avanzadas mujeres conocían la medicina herbolaria y cuidaban de la fecundidad de sus congéneres en los burgos de la Edad Media, poniendo en entredicho muchos dogmas sobre la creación de la vida. El texto, avalado y bendecido por el papa Inocencio VII, marca el comienzo de la cacería de brujas.

En Grecia, el humor gráfico representado en las ánforas somete a Hércules y a sus fervorosos creyentes al ridículo, lo que por supuesto dio lugar a la censura de sus autores de parte de los sacerdotes, a fin de evitar posibles desórdenes morales. Antes que los griegos, los egipcios ya tenían una divinidad del humor, Bez. En la China, Xi- Chen es la divinidad de la alegría. Alegría y humor se codean, en tanto no busquen derrumbar los dogmas de fe que nos vinculan con el mundo. Por eso los creyentes fundamentalistas no dudan en defender sus creencias, porque los dogmas no se discuten, se acatan. Las guerras religiosas fueron las más perversas que vivió Europa, y duraron más de 30 años. Detrás de estas guerras había intereses económicos y de poder. Hoy en Europa ha surgido una islamofobia encubierta por intereses muy poderosos, vinculados al control de los hidrocarburos de Medio Oriente y en el que grupos conservadores financieros israelitas son los promotores.

Mi compadre Teo, librepensador católico que no va a misa, me pidió que le informara sobre el Islam que él no conoce. Así es que cumplo esta solicitud haciendo un brevísimo resumen: es la tercera religión monoteísta que apareció en el mundo, la primera fue la judía y luego la cristiana.

En tanto eso pasaba en otros lugares del mundo, en el nuestro evolucionábamos del totemismo al agrocentrismo, con la Madre Tierra como la deidad principal. La palabra islam se traduce como sumisión en cuerpo y alma a la voluntad de Dios (Alá en árabe, que significa El único Dios), para conseguir la paz o salam.

La religión islámica se originó a principios del siglo VII d.C. en la ciudad de La Meca. Cuenta la tradición que un mercader de 40 años, Muhámmad Ibn Abdalla (Mahoma), recibió revelaciones de Dios entre el 610 d.C. y pocos años antes de su muerte. Los musulmanes asumen que estas revelaciones, conocidas con el nombre de El Corán, son la principal fuente de la fe y de las prácticas islámicas, que se complementan con los llamados hadices, que relatan la vida del profeta. Los eruditos religiosos que enseñan el Corán son los ulemas o sabios, creadores de la sharía o la ley islámica.

Los creyentes suman más de 1.000 millones repartidos sobre todo en Asia, África y Europa. En Bolivia, como en otros países de Latinoamérica, existen varios grupos importantes que practican el islamismo y su crecimiento es sostenido. La mayoría de los musulmanes pertenecen a la rama sunita, surgida en El Cairo, Damasco y Bagdad; la otra rama es la chiíta de Irán e Irak y otras naciones vecinas. Para ellos, Jesucristo es un profeta más importante que Mahoma.

En un principio, el islamismo se enfrentó con judíos y cristianos y otros grupos, pero su expansión fue imparable. La mezquita, que significa “lugar de postración”, es el sitio donde se reúnen para orar y cumplir cinco obligaciones, denominadas Cinco Pilares. Primero, pronunciar la shahada, el credo musulmán: “No hay más Dios que Alá y Mahoma es su mensajero”. Luego viene el salat, que supuestamente nos pone en contacto con el Señor. El tercero es el zacat o impuesto obligatorio. El cuarto rito es el siyam o ayuno y el quinto es el hagg o la obligación de peregrinar siquiera una vez en la vida a La Meca. Detrás de esta pequeña introducción hay un mundo inmenso que ha sentado su presencia en el planeta.

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